Higiene social, pureza racial

Unos doscientos cincuenta mil alemanes fueron esterilizados entre 1935 y 1939.

Después vino el exterminio.

Los deformes, los retardados mentales y los locos estrenaron las cámaras de gas en los campos de Hitler.

Setenta mil enfermos psiquiátricos fueron asesinados entre 1940 y 1941.

Acto seguido, la solución final se aplicó contra los judíos, los rojos, los gitanos, los homosexuales…

p. 269, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

SERÁN EXCOMULGADAS TODAS LAS MUJERES QUE ABORTEN

La Iglesia católica también aplica esa pena a los cómplices, señala la CEM.

José Antonio Román y David Aponte

En La Jornada, pag. 53, Sociedad y Justicia, Viernes 24 de julio de 1998.

En medio del debate acerca del aborto, la Conferencia del Episcopado Mexicano señaló que todas aquellas mujeres que cometen este delito están excomulgadas de la Iglesia católica, pena que se aplica también a sus cómplices, sin cuya cooperación no se habría podido suspender el embarazo. Esta pena, consideró la CEM, demuestra la gravedad del acto y se hace para favorecer la conversión de quienes han cometido este ilícito.

En tanto, el nuncio apostólico Justo Mullor afirmó que el aborto es “pecado”. Por ello, sería un “error” que la sociedad mexicana discuta la despenalización de esa práctica prohibida por Dios. Entrar al debate, agregó, sería presumir que el hombre y los gobernantes tienen poder sobre la vida.

Sostuvo que nadie tiene atribuciones para discutir sobre el derecho a la vida, “ni las máximas autoridades ni las pequeñas autoridades”. Entrevistado en la Secretaría de Relaciones exteriores, el representante de El Vaticano descartó por completo cualquier debate relacionado con la despenalización del aborto, como lo han propuesto autoridades de salud y sectores de la sociedad mexicana.

“El asunto no hay quien lo autorice, porque Dios lo prohibe. El quinto mandamiento es no matar, y el ser humano es un ser humano desde la concepción. Ustedes mismos saben que el feto, si su padre muere, su madre tiene derecho a la herencia y la gran herencia de Dios es la vida.

Francamente, es un tema, para mí personalmente, que considero un error discutirlo, porque es faltar, es suponer que el hombre tiene poder sobre la vida y el hombre no tiene poder sobre la vida….”, manifestó.

  • ¿Hasta dónde llega la autoridad de las iglesias para intervenir en este tema?
  • Las iglesias se fundan en la fe y en la palabra. No tenemos manera de impedir las cosas. Pero la fuerza de la palabra, no lo olviden, y ustedes son hombres de la palabra, es más fuerte que la fuerza de las ideas.

Mullor agregó que el aborto es un tema intratable para la Iglesia católica, porque atenta contra uno de los diez mandamientos.

Respecto de la excomunión, la CEM señalo que ésta se establece con claridad en los cánones 1398 y 1329 del Código de derecho Canónico, que faculta exclusivamente al obispo o sacerdote que él designe, la decisión de absolver dicha pena. Reiteró que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave y ninguna circunstancia ni ninguna ley puede hacer lícito este crimen, contrario a la voluntad de Dios.

A su vez, la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, mediante un comunicado, señaló que no hay ley o institución que pueda sustentar el aborto, y si alguien pretendiera proponer o promover esta cultura de la muerte, se ubica contra la razón y la misma legalidad ya que la propia Constitución mexicana protege el valor de la vida desde la concepción.

“Promover, pues, una acción contraria al respeto a la vida, es situarse fuera del marco constitucional y del ámbito de lo razonable, motivo por el cual es un escándalo que funcionarios que se supone que deben proteger la vida en México, irresponsablemente hagan declaraciones contra la vida del más débil: el niño no concebido y no nacido”, señala el documento episcopal, en clara referencia al secretario de Salud, Juan Ramón de la Fuente.

En tono por demás duro y crítico, la comisión episcopal destaca que ya no se puede negar que en México hay una cultura de la corrupción, fruto del egoísmo y la negación de la solidaridad más elemental. “Muchos malos funcionarios, personas o instituciones han saqueado las riquezas materiales del país, condenando a muchos mexicanos a vivir la agresión de la miseria y el hambre. Pero es el colmo que ahora quieran saquear la riqueza de los valores mexicanos promoviendo intereses, ideas o planteamientos contra la vida del ser humano, contra la identidad y vocación natural de los esposos y de la familia.”

Considera que desde hace muchos años la educación ha caído en manos de personas que no aman la vida y, por lo tanto, no se interesan por el verdadero significado humano de la sexualidad, del matrimonio y la familia. Han implementado una educación en contra de la dignidad de la propia persona y hasta las instituciones de la nación se han asociado para promover esta cultura de la muerte.

Así, al promover entre hombres y  mujeres los anticonceptivos y una mentalidad abortista, se ha educado al pueblo de México para el egoísmo y se le condena a un fatal “invierno demográfico” que pone en peligro la soberanía de la nación frente a intereses internacionales. Reitera que el aborto es dar muerte a un ser humano, y es tanto más grave en cuanto se realiza contra el ser más indefenso: el niño no nacido, además de que con frecuencia, lo hacen aquellos que tienen la responsabilidad de velar por sus derechos, el primero de los cuales es la vida misma: la madre, el padre, los médicos, las enfermeras, los funcionarios y las instituciones en todos los niveles, que se supone deberían promover la salud y el bien de los ciudadanos.

En estos momentos, agrega, ya hay que hablar de una reeducación de los mexicanos hacia los valores de la vida, el matrimonio y la familia, de la paternidad responsable, así como de la responsabilidad hacia toda  vida y el medio ambiente. Hay que denunciar a las corrientes de pensamiento, grupos o personas que, valiéndose de cargos o encomiendas de servicio que se les ha dado, han traicionado la cultura de la vida, patrimonio de México, dice el texto suscrito por el presidente de la comisión, Francisco Javier Chavolla, y los obispos integrantes de la misma.

Las fronteras del derecho a decidir

Marta Lamas en Letra S, suplemento de La Jornada, abril 5 de 2001.

Para quienes hoy enfrentan el fundamentalismo de la Iglesia católica, la separación  Estado-iglesia resulta vital. Al legalizar el ámbito civil, Benito Juárez  reconoció a los habitantes de México, el estatuto de ciudadanos antes  que el de fieles, ofreciéndoles la posibilidad de elegir si continuar o no bajo el yugo de los abusivos privilegios eclesiásticos. De lo que se trata en la vida es precisamente de poder elegir, de decidir cómo se quiere vivir, con quién y haciendo qué. Aunque jurídicamente los mexicanos son libres y tienen los mismos derechos, la realidad es otra.

La posibilidad de decidir está ligada al acceso igualitario a las oportunidades,  en especial a la educación. Para la construcción de una nación es imprescindible que la razón se emancipe de la fe. Las ideas laicas y las autoridades independientes del  poder eclesiástico defienden la autonomía del pensamiento. Los habitantes del siglo XXI no debemos olvidar la guerra de Reforma. La separación Estado-iglesia es sana porque permite que las personas crean  en lo que quieran creer y se reúnan libremente con otras personas que creen lo mismo, pero sin caer en confusiones como la de querer imponer a toda la sociedad dichas creencias.

Una verdadera convivencia pacífica dentro del pluralismo requiere contar con un Estado laico que garantice un régimen de tolerancia y también el imperio de la ley y la razón. Pero conseguir tolerancia no es sencillo.

¿ Cuáles son hoy las fronteras del derecho a decidir?

Básicamente las que se fijan entre lo público y lo privado. En todo el mundo está vista que las decisiones sobre la vida privada dependen  de la conciencia y los valores de cada persona, y no de los dictados de los altos funcionarios de instituciones religiosas o del gobierno. La jurisprudencia plantea que el principio de privacidad personal tiene al centro los conceptos  de “inviolabilidad de la personalidad”, “la intimidad” y la “integridad corporal”. Por eso, la defensa de la privacidad consiste en el derecho de la persona a no sufrir la intrusión gubernamental injustificada,  en asuntos que la afectan como la sexualidad y la reproducción.

La coincidencia amorosa, el deseo sexual, la decisión de compartir la vida con otra persona, la paternidad y la maternidad no son decisiones públicas. Son expresiones individuales que conllevan derechos ciudadanos para su ejercicio. Pero he aquí, que la iglesia católica no acepta que las personas tomen sus decisiones íntimas sobre su sexualidad y su reproducción. Al contrario, se mete hasta la cocina y exige que se tengan todos los hijos que Dios desee, prohibe cierto uso de los órganos corporales, pontifica sobre la suciedad del sexo por placer y presiona  para una reproducción sin límites. Por suerte, gran parte, si no es que la mayoría de las y los mexicanos tienen actitudes más liberales y tolerantes respecto a la sexualidad y la reproducción que las planteadas por la iglesia católica: se divorcian, usan anticonceptivos, interrumpen embarazos, tienen relaciones con personas con un cuerpo igual al suyo.

Caridad y tolerancia represiva

Para frenar estas conductas supuestamente condenables, los grupos religiosos invocan dogmas religiosos,  presionan y amenazan. Ante una iglesia católica detentadora de la “Verdad” nada sirve exigir que este monolito dogmático se informe y se ponga la día científicamente. No nos van a hacer caso. Lo único que podemos hacer es demandar tolerancia. Pero la verdadera tolerancia está muy lejos de esa forma común de la tolerancia que Marcuse llamó “tolerancia represiva”  y que se trata de una actitud hecha de superioridad moral, como la del típico católico dogmático que subido en el pedestal de esta Verdad absoluta, mira con una mezcla de compasión y de desprecio a los que viven en el error y tolera su existencia, los aguanta. Esta tolerancia represiva que funciona como una concesión acepta a “regañadientes”un mal inevitable, la existencia de los otros, los diferentes, los no católicos, los no decentes. Este tipo de democracia no establece como un valor democrático el verdadero respeto a la diferencia. De esta manera se fomenta el error original: “Yo estoy bien, tú estás mal, pero te aguanto”. Esto genera una serie de consecuencias negativas. Muchas versiones de este tipo de tolerancia represiva, sirven para recubrir actitudes profundamente negativas.

En México, la falta de vigencia de algunas libertades fundamentales hace que ante las intransigencias, vejaciones y violaciones a sus derechos, muchas personas valoren  esta tolerancia represiva y la viva como caridad: mejor recibir compasión que recibir insultos, vejaciones o linchamientos.

Pero junto a esta asquerosa tolerancia, que es una condescendencia de quienes se consideran en posesión de la Verdad,  hay otra forma intolerante de tolerancia que debe ser denunciada y combatida: la tolerancia con los intolerantes. La iglesia católica romana es la institución más intolerante en nuestro país. El papa desde su supuesta infabilidad, y los prelados y funcionarios católicos que lo secundan, se aprovechan del peso simbólico  que tiene la ideología católica en la cultura mexicana para expresar  sus opiniones y reglas, como si se tratara,  una vez más,  de la “Verdad revelada” y tratan a las demás posiciones, incluso a las científicas, como si fueran falsas o estuvieran equivocadas.

El gran peso del catolicismo dificulta en México la reglamentación racional de cuestiones vitales para la población, relativas a la sexualidad y a la reproducción. Los derechos sexuales y reproductivos suponen libertad e igualdad. Libertad para decidir, e igualdad de acceso a la educación ya los servicios médicos. En los derechos sexuales y reproductivos, así conceptualizados, se encuentran vivos los principios políticos de una democracia moderna pluralista. Por eso estos derechos son un eje articulador  en la lucha por la democracia.

En las fronteras del derecho a decidir se ubican los derechos sexuales y reproductivos y los ponemos del lado de las decisiones privadas, aunque pongan al centro el debate relativo a la calidad de la vida, la responsabilidad individual y la libertad de conciencia. Sólo un Estado laico puede ofrecer el marco de respeto necesario para que la sociedad decida sobre estos temas según sus creencias religiosas. Por ello, hoy en día es imprescindible confrontar a la jerarquía católica por la presión que ejerce sobre estas libertades individuales y sobre las políticas públicas.

El laicismo es el cimiento de un estado democrático que pretende ofrecer igualdad a las personas a partir del principio de soberanía popular y de la libre determinación de los individuos. Sin pensamiento laico no se desarrolla ni la ciencia ni la democracia moderna. El laicismo nos libera de la pesada servidumbre del totalitarismo católico con sus dogmas inamovibles y sus poderes inapelables. El laicismo articula la convivencia sobre la base de la tolerancia y del respeto a la diferencia.

Fernando Savater sostiene que la modernidad democrática ha significado el triunfo del laicismo en la vida pública. Sin embargo en México, la vida pública sigue teñida por las posiciones del clero católico que se hace sentir cada día más.

A partir de las reformas en el artículo 30 constitucional y aquellas impulsadas por Carlos Salinas, la jerarquía católica ha encontrado mayor libertad de acción. En estos últimos años se multiplican las declaraciones de obispos sobre asuntos públicos. Y no sólo el arzobispo se entromete en política sino que empresarios del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo presionan al gobierno para que adopte la agenda teológica en sus políticas públicas, y boicotean y amenazan con retirar su publicidad de los medios de comunicación si se habla de condones y métodos anticonceptivos. Un empresario de la empresa Bimbo y otros de la compañía Domecq optaron por presionar a los canales de televisión cuando Lucía Méndez presentó el videoclip sobre anticonceptivos.

Un hecho que les parece molesto o del cual discrepan, lo convierten en campaña, no sólo desde los púlpitos y confesionarios, como siempre ha sido, sino también a través de los medios masivos de comunicación, arrogándose la representatividad absoluta de la sociedad mexicana. La Iglesia católica trata de impedir que se hable de pluralismo y de diversidad, se declara en contra de la modernidad y nutre persecuciones de minorías y violaciones de derechos humanos con su fanatismo intolerante. Utiliza abiertamente su gran poderío económico y su influencia para tratar de moldear la opinión pública y para impedir que se expresen posturas distintas a las suyas.

Fernando Savater cuestiona cómo los religiosos católicos insultan impunemente a los demás; por ejemplo, las declaraciones del Papa y sus obispos sobre el aborto ( al que equiparan con un crimen terrorista o nazi) ponen a la mayoría de las personas partidarias de la despenalización del aborto, al nivel moral de los más viles asesinos. Savater observa, atinadamente, que cuando los jerarcas de la Iglesia católica dicen estas barbaridades, nadie los acusa de intolerantes o de herir las convicciones ajenas, o de antilaicistas. Como bien señala, la ventaja de ser fundamentalista en una sociedad mayoritariamente tolerante, es que te aguanten las barbaridades que dices.

Pero eso no es todo. Savater pone otro ejemplo:

“Si un candidato o gobernante en cualquier país democrático hace una alusión a la divinidad ( y dice, Gracias a Dios), ningún ateo entre sus votantes se tiene que sentir discriminado por tal invocación, ni menos ofendido. Pero si ese candidato o gobernante, u otro, se atreve a hacer algún cometario que descarte inequívocamente la creencia en potencias celestiales, además de quedar como un patán que arremete sin miramientos a la fe de los demás, se va a ganar una campaña en contra que va a mermar seriamente sus posibilidades electorales. Vemos pues la gran contradicción”.

Profesionales de creencias inverificables

El destino de las personas democráticas y respetuosas es ser tolerantes con los intolerantes. Es evidente que las expresiones fundamentalistas de la Iglesia católica son contrarias a las libertades civiles en una sociedad como la que estamos construyendo. El desafío democrático reside en ser respetuosos y muy tolerantes de las creencias religiosas pero sin permitir, sin tolerar, como lo dice Savater, que estos representantes profesionales de creencias inverificables, dicten a la pluralidad del conjunto social sus prohibiciones, la obediencia a sus normas que pretendan castigar las blasfemias que les desagradan o que intenten recabar derechos distintos a los de la democracia laica y privilegios especiales para sus instituciones y feligreses.

Estos representantes profesionales de creencias inverificables están prohibiendo en este momento, al conjunto de la sociedad mexicana, la educación sexual, el uso de anticonceptivos, el derecho a elegir a quien amar, la posibilidad de remediar un embarazo no deseado y varias cuestiones más. La Iglesia católica pretende imponer a todas las personas serias restricciones a su libertad personal violando la separación Estado laico / iglesias.

Por eso habría que preguntar si se puede aceptar como interlocutora válida, a una institución dogmática que no comparte los cánones modernos de racionalidad, respeto a la pluralidad, y espíritu democrático. O dicho de otra manera, ¿ cuánto tiempo más vamos a tolerar la intervención de El Vaticano instrumentada por el arzobispo, el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, y secundad por el PAN?

El corazón de la democracia es el respeto a las minorías y la legalidad que reconoce derechos a todos los ciudadanos sin importa sus creencias. En cambio, para la Iglesia católica la opción es “estás conmigo o estás contra mi”. La ciencia y la técnica escapan  al control de la iglesia, y por ello también la iglesia repudia la autonomía del pensamiento, de la razón. Ante esto, el Estado tiene que introducir forzosamente la racionalidad como un elemento básico para construir  el sentido colectivo de la existencia. El régimen imperfecto de la modernidad es la democracia y ésta obliga a respetar las distintas posturas en materia de moral privada. Desde luego, como señala Savater, las iglesias suelen hacer creer a la gente que algo que ha sido decidido en la tierra, proviene del cielo. Es decir, las decisiones del Papa y de los obispos, basadas en sus esquemas y paradigmas cognitivos, las plantean como si fuera la palabra de Dios.

El valor que tuvo Juárez para desafiar a la iglesia en el siglo XIX no lo tiene hoy ningún político. Los gobernantes mexicanos actuales tienen miedo de enfrentar las actitudes sexistas y homófobas de la iglesia. Tienen pánico a denunciar sus mentiras y temen aplicar la ley. Por tratar de evitar un enemigo poderoso en la contienda electoral, renuncian a asumir seriamente el carácter ético de los valores democráticos entre los que destaca la defensa del Estado laico.

Renunciar al laicismo es renunciar a la modernidad y es darle la entrada al arrogante fanatismo oscurantista. Es importante hacer la distinción entre modernidad y modernización. La modernización constituye un proceso histórico basado en la transformación de los procesos productivos, de las pautas de consumo y de trabajo, y del acceso a bienes y servicios. Por el contrario, la modernidad constituye un proyecto cultural que difunde valores vinculados a la promoción de la libertad individual, de la libertad social, al progreso social en el sentido de desarrollo de potencialidades personales, y a una vocación democrática que lleva a la defensa de la tolerancia y la diversidad.

Quines optamos por la ampliación de la libertad personal ante la autoridad del Estado y de las iglesias sabemos, sabemos que no se alcanza la modernidad sin “tolerancia de la buena”.

La gran tarea y la esperanza de una ciudadanía democrática es que cada uno de nosotros sea capaz de tolerar y ser tolerado. Esta es una actividad compleja, desafiante de los fundamentalismos, que requiere grandes dosis de respeto.

Las fronteras del derecho a decidir se deben demarcar con el respeto:

El respeto al derecho ajeno es la paz,

El respeto a la sexualidad ajena es la paz,

El respeto al aborto ajeno es la paz,

El respeto a las creencias ajenas es la paz,

El respeto al ateísmo ajeno es la paz,

El respeto a la vida ajena es la paz,

Vamos respetando las fronteras entre lo público y lo privado.

Vamos respetando el derecho de las personas a tomar decisiones privadas en materia de sexualidad y de reproducción.

Vamos respetando la frontera necesaria entre Estado laico e iglesias.

Memoria del Foro Nacional por la Vigencia del Estado Laico, junio 10 de 2000.

Frente por el Fortalecimiento del Estado Laico.

Phoolan

Phoolan Devi tuvo la mala ocurrencia de nacer pobre y mujer, y en una de las castas más bajas de la India.

En 1974, a los once años de edad, sus padres la casaron con un señor de casta no tan baja, a quien dieron por dote una vaca.

Como Phoolan ignoraba los deberes conyugales, su marido la instruía torturándola y violándola. Y cuando huyó, él la denunció, y los policías la torturaron y la violaron. Y cuando volvió a su aldea, el buey, su buey, fue el único que no la acusó de ser impura.

Y se fue. Y conoció a un ladrón de frondoso prontuario, y ese fue el único hombre que le preguntó si tenía frío y si se sentía bien.

Su amante ladrón cayó acribillado en la aldea de Behmai, y ella fue arrastrada por las calles y torturada y violada por unos cuantos dueños de tierras. Y algún tiempo después, Phoolan volvió a Behmai, en plena noche, y al frente de una banda de forajidos buscó a esos hombres, casa por casa, y encontró a veintidós y los despertó, uno por uno, y los mató.

Por entonces, Phoolan Devi tenía dieciocho años. Toda la región bañada por el río Yamuna sabía que ella era hija de la diosa Durga, bella y violenta como la mamá.

P294. Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Retrato de familia en Jordania

Un día del año 1998, Yasmin Abdullah entró en su casa llorando.

Sólo atinaba decir y repetir:

-Ya no soy niña.

Había ido a visitar a su hermana mayor.

La violó el cuñado.

Yasmin fue a parar a la cárcel de Jweidah, hasta que el padre la sacó de allí comprometiéndose a cuidarla y pagando la fianza correspondiente.

Para entonces, ya el padre, la madre, los tíos y setecientos vecinos había resuelto, en asamblea, que el honor de la familia debía ser lavado con sangre.

Yasmin tenía dieciséis años.

Su hermano, Sarhan, le metió cuatro balas en la cabeza.

Sarhan estuvo seis meses en prisión. Fue tratado como héroe.

También fueron tratados como héroes otros veintisiete hombres presos por casos semejantes.

De cada cuatro crímenes cometidos en Jordania, uno es crimen de honor.

p.294, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Eutanasia / Suicidio asistido

DE LA EUTANASIA AL SUICIDIO ASISTIDO: LA LUCHA POR EL DERECHO A BIEN MORIR

Un joven de 29 años con cáncer terminal de páncreas relata su viacrucis

Roberto Garza Iturbide en La Jornada, pags. 42- 43 Sociedad y Justicia, lunes 23 de julio de 2001.

Francisco acaba de cumplir 29 años y la ciencia le ha regalado una cruel certeza: no va a llagar a los treinta. Tiene un cáncer terminal de páncreas, para el cual no existe hoy día ningún tipo de tratamiento médico que le dé la mínima esperanza de vida. Todo es cuestión de tiempo; pronto tendrá dolores insoportables y el sufrimiento de una lenta y penosa agonía.

Este joven desahuciado tomó la decisión de no prolongar un sufrimiento innecesario. Demandó su derecho a la eutanasia, y para ello buscó ayuda médica y asesoría legal. Sin embardo, nadie –excepto un amigo- ya sea por cuestiones jurídicas o morales, estuvo dispuesto a respaldar su libre voluntad, ni respetó su derecho de disponibilidad de la propia vida. Pero Francisco cree en la libertad del individuo, y está dispuesto a tener una buena muerte aunque tenga que hacerlo en el terreno de la ilegalidad.

La decisión

Cuando supe que tenía cáncer de páncreas caí en una profunda depresión. Estaba enojado con el mundo y en mi mente se batía una vorágine de reclamos, pena y desilusión. Con el paso de los día, y después de un debate emocional en mi interior, puede pensar con claridad sobre el miedo a la muerte, la frustración, el sufrimiento físico y mental, el dejar a mi esposa e hija, mis sueños y anhelos… Por  primera vez desde que conocí el diagnostico, asumí el carácter fatal e inevitable de mi destino. Fue entonces cuando tomé la libre decisión de evitar una agonía innecesaria y reclamé al médico el derecho a la eutanasia.

“No te voy a matar ni voy a acelerar deliberadamente tu muerte –dijo- porque, aun cuando lo haga como un acto de compasión, bien sabes que es ilegal. Lo que sí puede hacer es preservarte en las mejores condiciones, con los cuidados paliativos necesarios y evitándote al máximo los dolores, pero sin tomar medidas heroicas; es decir; pondría un limite en la actuación médica.

“Cuando llegue el momento, bajaría el aporte de apoyo médico y retiraría el soporte tecnológico, más no el vital –alimento y agua por sonda o intravenoso-. Eso es lo que puede hacer para ayudar ”, concluyó el gastroenterólogo que lleva mi caso. Me explicó que el derecho penal vigente en México castiga como autor de homicidio a quien, ya sea pasiva o activamente, ayuda a morir a un desahuciado. Aunque mi médico estuvo dispuesto a poner un limite a su actuación, no quise, sin embargo, resignarme a padecer la agonía de mi enfermedad en los términos planteados.

Una segunda opinión

Solicité una entrevista con Fernanda Cano Valle, médico integrado al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Acudí a él porque en abril pasado coordinó el foro titulado “Debate sobre Eutanasia”. El doctor Cano Valle, además de su opinión como médico, me podía dar razón de la eutanasia desde el punto de vista jurídico.

Le planteé mi caso en su consultorio de Médica Sur. “Lo que usted me esta pidiendo –soltó de entrada- es que lo mate, que lo ayude a suicidarse. Mi respuesta es ¡no! Yo no estoy en esos términos”. En un caso como el suyo, me explicó, “uno se abstiene de intubar al paciente, y por supuesto que lo hidrata, lo alimenta, le seda el dolor y deja que evolucione la enfermedad paliando las molestias. Pero, si a pesar de los cuidados el paciente agrava, se le suministran una serie de soluciones que le permitan no sufrir, pero que no generen a corto plazo un paro respiratorio, porque ahí habrá causa-efecto. Esto último sería un acto lleno de compasión pero prohibido por la ley”.

Entonces  -pregunté-, ¿estaría aplicándome una eutanasia pasiva? “Si –me confirmó- pero en la que no actuó, sino que dejo de hacer. El dejar de hacer es una eutanasia plenamente justificada”.

Le cuestioné si en este caso existe impedimento legal. “Para dejar de hacer en estricto sentido si lo habría, sin embargo, nadie me puede obligar a que yo intube a un enfermo sabiendo que tiene cáncer y que se va a morir en breve. La ley no me puede obligar… Mi moral es la que me puede cuestionar”.

No obstante, Cano Valle rectificó: “Si yo en este momento le ayudo a bien morir, voy a ser sancionado por la ley, es punitivo aun cuando haya actuado con el propósito de evitar el dolor. Claro que hay atenuantes y éstos pueden ser que en vez de que me den tres o cuatro años (de prisión), me darán seis meses y una sanción, cancelando mi cedula médica por un periodo (…) Yo estoy convencido de que el médico está estructurando, diseñando y formado para salvar vidas y no para favorecer muerte, esa es mi convicción absoluta. Ahora bien –continuó tras una breve pausa-, también estoy convencido de que en muchos casos existe la eutanasia en la oscuridad y hay casos en el sector salud, no sé cuántos ni en qué hospitales. Pero sé que los hay”.

Ante mi desilusión, pasamos entonces al aspecto jurídico. “El Código Penal en México  -aseguró Cano Valle- tiene un enorme rezago. De hecho, no se ha reformado en los últimos cincuenta años en relación con los aspectos que tienen que ver con la eutanasia (…). Estamos obligados a hacer una reforma jurídica en la materia, pero en particular a incorporar el concepto de testamento de vida”.

Incluso, enfatizó, “los senadores y diputados nos pidieron las conclusiones del foro (Debate sobre Eutanasia), porque piensan profundizar en este concepto”.

Propuesta de solución

Antes de despedirnos, Cano Valle me proporcionó un resumen de las ponencias del foro que coordinó, del cual me sugirió poner especial atención en la propuestas de solución presentada por el doctor Enrique Díaz Aranda, también investigador del IIJ de la UNAM y especialista en eutanasia.

A estas alturas, comprendí que el único impedimento legal para que no se me aplique la eutanasia es la penalización que marca el artículo 321 del Código Penal. De acuerdo con éste: “el que prestare auxilio o indujere a otro para que se suicide, será castigado con la pena de una a cinco años de prisión; si lo prestare hasta el punto de ejecutar él mismo la muerte, la prisión será de cuatro a doce años”.

En el documento referido, Díaz Aranda analiza las sanciones que se aplican a quien ayuda a bien morir a un desahuciado, de acuerdo con nuestra legislación vigente y dependiendo del tipo de eutanasia. La eutanasia activa directa, que consiste en provocar la muerte del paciente en el momento en que lo solicita, se sanciona con cuatro a doce años de prisión, de tal suerte, se algún médico accede a mi petición, será sancionado con cárcel.

Nadie, excepto un amigo, estuvo dispuesto a respetar su libre voluntad, pero francisco cree en la libertas del individuo, y esta dispuesto a tener una buena muerte aunque tenga que hacerlo en el terreno de la ilegalidad.

En caso de que se aplicará la eutanasia pasiva, la cual implica no iniciar o interrumpir el tratamiento a un paciente con una enfermedad incurable, la conducta del ejecutante también será  castigada con cárcel, salvo en el caso de que se compruebe que los medios hayan sido empleados para salvar otra vida con mejor pronóstico.

Asimismo, será castigado aquel que proponga al enfermo terminal su muerte –delito de inducción al suicidio- con uno a cinco años de prisión, o el que le proporciones los medios para provocarla.

Sin embargo, en su propuesta, Díaz Aranda considera que, al margen de las reformas a la ley, se pueden encontrar soluciones “ a través de la interpretación del Derecho vigente”.

Aunque con otras palabras, Díaz Aranda  sostiene que aquel que priva de la vida al paciente terminal que lo solicita no cometerá el delito de homicidio previsto en el  312 del Código Penal, porque dicho artículo no fue emitido para sancionar penalmente a quienes practican la eutanasia activa directa –en 1931 no se tomaron en cuenta esos supuestos-. Además, en su opinión, el consentimiento del desahuciado para que se le aplique la eutanasia es una causa de exclusión del delito. Esta decisión tiene un sustento legal en el derecho fundamental a la libre disponibilidad de la vida.

Mi única opción: la ilegalidad

Al terminar su lectura, la propuesta de Díaz Aranda me brindó un mínimo de esperanza. Si en verdad los órganos judiciales emitieran una interpretación como la que propone, entonces existe la posibilidad de que tras expresar de manera libre mi decisión, el médico que ejecute mi muerte no sea sancionado penalmente.

Si me perdonan el giro del lenguaje, no deseaba dejar morir mi optimismo, así que necesitaba la opinión de un experto en materia penal. Me acerqué a Miguel Carbonell, también investigador del IIJ de la UNAM. El jurista fue tajante: “No hay ninguna posibilidad de escape legal tras la privación de la vida que hace una persona a otra, ni aún en aquellos casos en los que el sujeto pasivo del delito es afectado de una enfermedad incurable, ni tampoco en los que es la propia voluntad del sujeto la que pide terminar con su vida. En México no tenemos este tipo de excusas”.

 “Pero yo tengo la libertad de disponer de ni propia vida –dije convencido- y añadí: es un compromiso suscrito y ratificado por México en la Declaración Universal de Derechos Humanos. “Los compromisos internacionales firmados por México en materia de Derechos Humanos son bastante generales. Además, los tratados internacionales se conocen poco y se aplican todavía menos. Los jueces a quines corresponde conocer este tipo de delitos, que son normalmente del fuero común, no los aplican, vaya, no forman parte de su esquema jurídico normativo cotidiano. Ahí no ahí que hacernos falsas ilusiones”.

Con esas palabras, el eminente jurista me regresó a la dura realidad.

Escucharlo me hizo sentir incómodo, pero su opinión era de la mayor importancia en ese momento. ¿Y la interpretación al derecho vigente que propone Díaz Aranda?, pregunté con ese tono de desilusión que progresivamente se ha convertido en una especie de autodefensa ante la total ausencia de buenas noticias en mi vida.

“Habrá que precisarlo de manera muy clara en el derecho vigente, posiblemente en forma de excusa para el régimen penal del homicidio, pero… los jueces no pueden inventarse esa interpretación”. Carbonell descartó la posibilidad de interpretación, ya que considera que “la solución de ser a través de una legislación especifica”.

Me aseguró que si mi médico accede a practicarme cualquier tipo de eutanasia, sin duda tendría que enfrentarse a la justicia. “La ley existe y no hay excepciones, aunque –reconoció- otra cosa es que la ley no se aplique, ya sabemos que la ley se aplica según convenga, tanto en este tema como en el del aborto, el que efectivamente está penado, pero ¿qué pasa?, en México se practican entre 600 mil y un millón de abortos al año… ¿Y existe un millón de presos por esos delitos?… por supuesto que no”.

Entonces –pregunté- ¿qué puedo hacer, cuáles son mis alternativas? “Desde el punto de vista legal no hay salida. La única posible será ubicarte en el sector de la legalidad, que es lo que se suele hacer, o rechazar, por voluntas propia, cualquier tratamiento. Ahora, insisto, si está bajo tutela médica, en los términos que marcan las leyes mexicanas, no te pueden dejar morir”.

Se contuvo un momento, para después rematar: “Con la penalización se está obligando a mucha gente a cometer actos ilegales y eso me parece muy preocupante en un Estado que se dice democrático”. Finalmente concluyó: “Me parece interesante mencionar la importancia de este tema y debatirlo ahora, cuando el Estado laico está siendo sometido a duros debates, cuando quienes están en el gobierno no ocultan su vena claramente religiosa. Hacer un frente común para reivindicar la laicidad del Estado es muy relevante.

Soplan vientos de oscurantismo en esta República, soplan vientos francamente retrógrados.

Hay que oponer un bloque contundente de laicismo, pensamiento libre y autonomía personal frente a las creencias religiosas que están claramente ubicadas en los poderes públicos”.

Los limites en la actuación médica

Católico confeso, el gastroenterólogo Juan Francisco Rivera Ramos conoce bien mi caso. Me salvó la vida en mayo del año pasado cuando me atacó una severa pancreatitis. Lo visité en su consultorio en la colonia Irrigación, a unas cuadras del Hospital Español. Aunque sea en la oscuridad –inicio la conversación-, la eutanasia se practica en los hospitales, en las casa… ¿por qué los médicos no lo dicen abiertamente?

“En vista de que la eutanasia en México es un acto ilegal –respondí-, nadie en el gremio médico acepta que la ha cometido. No es conveniente para nadie, aunque sepamos que en un momento dado lo estamos haciendo, ya sea eutanasia o suicidio asistido”.

Le pedí que ejemplificara un caso real, a lo que me replicó: “A mi me a tocado vivir la muerte de algunos ex – maestros míos. En especial, podemos hablar de un cardiólogo que sus últimos momentos le decía a su desesperado alumno: “ya no hagas más esfuerzos ¿no ves que llego mi hora? Déjame morir en paz”. Bueno, ahí el paciente lo pidió y nada más tuvimos que respetar sus ordenes. Pero no siempre en así”.

Ninguno accedió a practicarle la eutanasia activa directa a Francisco. Solo un amigo que conocía desde la preparatoria a quien le costo trabajo convencer.

Entonces pregunte, ¿cuándo se respeta la orden de un paciente que lo solicita? “Cuando no tenemos la capacidad para recuperarlo, es entonces cuando empezamos a marcar los limites de la actuación”. En estricto sentido, afirme, están aplicando la eutanasia.

“Si el enfermo terminal no responde, en consecuencial, dejamos de hacer un acto inútil. Retiramos primero un aporte del medicamento, luego el de apoyo de equipo y así vamos instituyendo una especie de “eutanasia progresiva pasiva, que se va instalando gradualmente en un lapso de 24 y 72 horas.

Finalmente sí lo estamos ayudando a bien morir. Sien embargo, -precisó-, aquí ya no estamos hablando de eutanasia, sino de tener un límite razonado en la actuación médica. Desde el punto de vista legal quizá no haya ningún problema, quizá, quién sabe. Posiblemente el único conflicto para el médico sea moral”.

Ante tal perspectiva, decidí solicitarle la eutanasia. Tomé aliento y dije: “Usted conoce mi caso. Si se lo pido hoy, ¿ accedería a limitar su actuación médica cuando llegue a la fase terminal, es decir, a practicarme una eutanasia pasiva?”

“Sí –contestó de inmediato- porque ahí sí estamos hablando de eutanasia, de una verdadera buena muerte, en la que no se lesione la moral de la familia, ni la economía familiar, y en la que el moribundo no permanece innecesariamente en el hospital. Solté la pregunta obligada: ¿ Está dispuesto a correr los riesgos legales?”

Le tomó un par de segundos, pero respondió mientras sacaba una pluma del bolsillo de su bata: “Sí, porque en este caso no estamos matando a nadie ni acelerando la muerte. Estamos hablando de un límite de actuación que se acerca mucho a lo que es eutanasia”.  Y agregó: “Yo creo que en nuestra legislación deberíamos retomar la palabra eutanasia y ver qué es realmente para las autoridades. Eutanasia es dar una buena calidad en el fin de la vida, ayudar a pasar a la muerte en la mejor de las formas. En cambio, el administrar un veneno, quitarle el oxígeno a alguien es asesinar.

“Es más –agregó-, la eutanasia no tiene por qué penalizarse o despenalizarse, simplemente ha existido siempre: el ayudar a alguien a bien morir, el confortar a un enfermo, el estar a su lado, el ser su médico de cabecera, el estar preocupado por lo que le pase. Eso es eutanasia. ¿ Qué es lo que han legalizado en Holanda?, preguntó, para responder de inmediato: la eutanasia activa. Eso es lo que nos preocupa, que la eutanasia activa finalmente es matar. Eso no debería estar permitido. Hay que ayudar a bien morir, mas no inducir la muerte”.

“Aunque sea en la oscuridad, la eutanasia se practica en los hospitales, en las casas….

¿ por qué no lo dicen abiertamente los médicos?”, admitió uno de los galenos consultados

Los sacerdotes llegan a hablar a los enfermos terminales del dolor inclusive como “medio de redención” , o “señal divina”

“Tenemos un trato”

Durante varios días continué mi investigación; consulté a varios médicos pero ninguno accedió a practicarme la “eutanasia activa directa”, por tratarse de un acto ilegal. También conversé con un sacerdote. Me habló del  “valor sagrado de la vida humana”, me aseguró que mi vida es un bien ajeno, es decir, de Dios, y que la eutanasia “es injusta porque es una usurpación del derecho de Dios sobre el ser humano”. Compasivo, se refirió al dolor como medio de redención.

Aunque lo intenté, no encontré la razón de ser de mi sufrimiento como una señal divina para mi salvación. Finalmente, di con un amigo de la preparatoria que estudió medicina y que actualmente trabaja en una clínica particular. Debo aceptar que me costó trabajo convencerlo. En realidad, me causó un grave conflicto el haber sido tan insistente. Me sentí como un suicida frustrado, como una especie de tanatofílico obsesionado con su propia muerte.

Cuando me dijo: “está bien, Paco … yo te ayudo”, ni siquiera me sentí reconfortado. Lo observé sin decirle nada. Tenía enfrente al hombre que pronto me va a ayudar a bien morir. No supe si darle las gracias o echarme a correr como un cobarde. Permanecí mirándolo unos segundos y le extendí la mano al tiempo que murmuré: “tenemos un trato”.

El hecho de tener que morir en la clandestinidad, y peor aún, al margen de la ley, me provocó náuseas. Nos imaginé como a un delincuente y su cómplice. Nada me asegura que mi amigo va a cumplir con su palabra. Posiblemente me dio el sí para darme tiempo a pensar, pero mi decisión ya está tomada.

Acordamos que mi muerte será en casa. Tendré, dentro de lo posible, los cuidados paliativos necesarios; estaré –espero- cerca de mis seres queridos, acompañado por una tanatóloga que, si bien no esta de acuerdo con mi determinación, la reconoce como un acto de plena libertad. Pero cuando llegue el momento, cuando esté por entrar en la fase terminal y la agonía y el sufrimiento sean innecesarios, se me suministrará un cóctel de medicamentos que acelerarán el proceso de mi muerte.

Finalmente, sólo quiero dejar bien claro que la decisión de este suicidio asistido la tomé con plenas facultades, sin presiones externas y ejerciendo pleno derecho de disponibilidad sobre mi propia vida.

Quizá en un futuro los desahuciados que tomen una decisión tan seria lo hagan con el respaldo de la ley, y sin el estigma de haber cometido, como el último acto de una voluntad humana libre, una ilegalidad.

Creacionismo vs. Evolucionismo

Jueves 15 de diciembre de 2005

Octavio Rodríguez Araujo

Creacionismo vs. evolucionismo

El año pasado se estrenó en Estados Unidos una película que ha impactado a quienes tienen problemas existenciales, tales como “¿para qué vivimos?” o “¿de dónde venimos?” Me refiero a la película dirigida por Betsy Chasse, Mark Vicente y William Arntz titulada en inglés What the #$*! do we know?!, y en español ¿Y tú qué @#<* sabes?

El tema ha tenido tal importancia, sobre todo a partir de la presencia de George W. Bush en la Casa Blanca, que el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente, ha tenido que mencionarlo recientemente con motivo de la enseñanza de las ciencias en nuestra máxima casa de estudios: el creacionismo contra la ciencia y las teorías evolucionistas de la vida en este planeta.

El punto central de la controversia, cuyos más antiguos antecedentes se encuentran en el famoso debate de Oxford en 1860 (entre el obispo de esa ciudad inglesa, Wilberforce, antidarwinista furioso, y un amigo de Darwin, Thomas Huxley), fue precisamente el mismo que ahora: la exposición de la creación del universo y del hombre a partir de la Biblia y la teoría de la evolución de las especies como primera explicación científica del hombre. Esa polémica se dio seis meses después de la publicación del famoso libro de Darwin. La diferencia es que en el presente, casi 150 años después, el creacionismo se quiere fundamentar tanto en procesos neurológicos de la percepción y el conocimiento como en la física cuántica y la incertidumbre para intentar darle una base científica al tema. Y de esto trata la tendenciosa y seudocientífica película mencionada al principio (¿Y tú qué @#<* sabes?), salpicada por “explicaciones” esotéricas y espiritualistas que están de moda en la actualidad, en combinación con una vulgarización del principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberg que se redujo, a través de una fotógrafa sordomuda (Marlee Matlin), al concepto según el cual el acto de observar cambia lo que se está observando, en el mejor estilo de Alicia en el país de las maravillas.

La vieja controversia de Oxford se reavivó en Estados Unidos a mediados de la década de los 20 en el siglo pasado, precisamente en los estados de ese país en donde legalmente (y en contra de la Constitución) se prohibió la enseñanza de las teorías evolucionistas en las escuelas. Uno de esos estados fue Tennessee. En 1925 fue sometido a escandaloso juicio, en la ciudad de Dayton de ese estado, el profesor John Thomas Scopes por enseñar en una escuela secundaria la teoría de la evolución y no la versión dogmática de la Biblia sobre el origen del universo y del ser humano. En defensa del acusado se presentó un prestigiado abogado de nombre Clarence S. Darrow, y por la parte acusadora otro que había aspirado a la presidencia de su país y que era famoso por su conocimiento y defensa de la Biblia: William Jennings Bryan, quien murió días después del juicio, ridiculizado por su oponente. El argumento era que en las escuelas de Mississippi y Tennessee sólo se podía enseñar el origen del universo y de la vida con la Biblia y de ningún modo con base en las teorías de Darwin y sus discípulos.

En 1950, en plena época del macartismo, y también en Estados Unidos, Jerome Lawrence y Robert E. Lee terminaron una obra de teatro que sólo se pudo poner en escena cinco años después, una vez que el senador Joseph McCarthy estaba en declive gracias a las presiones del presidente Eisenhower en contra de los excesos del político anticomunista y reaccionario. Esa obra se llamó Inherit the wind. De esa pieza teatral, basada en el juicio contra Scopes 25 años antes, se producirían tres magníficas películas con el mismo nombre (en español Heredarás el viento). La primera se estrenó en 1960 bajo la dirección de Stanley Kramer y con las actuaciones estelares de Spencer Tracy (Henry Drummond, en realidad Clarence S. Darrow) y Frederic March (Matthew Harrison Brady, en la vida real William Jennings Bryan); la segunda (1988), de inferior calidad por comparación con la primera, fue dirigida por David Greene y en el papel de Darrow actuó Jason Robards Jr. y en el de Bryan figuró Kirk Douglas. La tercera, aunque fue producida para la televisión, es de una gran fuerza dramática y discursiva y puede conseguirse todavía en los lugares donde se rentan videos. Fue estrenada en 1999 y dirigida por Daniel Petrie con la participación de Jack Lemmon (como Darrow, aquí sí con su nombre real) y George C. Scott (en el papel de Bryan, también respetando el nombre del personaje verdadero).

Los creacionistas más modernos tienden a aceptar que ha habido evolución de las especies, pero tratan de justificar sus posiciones en el hecho de que, a pesar de los avances científicos (particularmente en la física y la química), el origen de la vida todavía no es explicado sin el famoso “diseño inteligente”, ya que -dicen- la vida en el planeta no puede ser producto de casualidades ni hechos fortuitos. Diseño inteligente y creacionismo son, en general, partes de una misma intención filosófico-teológica: restarles credibilidad a las teorías científicas y recuperar, sobre todo para la educación, las bases religiosas (bíblicas) de la existencia de los seres vivos en la Tierra.

Estas corrientes han tenido éxito en Estados Unidos, y sobre todo con Bush en el gobierno, pero difícilmente influirán en México, entre otras razones por la tradición de la educación laica; pero también, y no deja de ser curioso, por el predominio de la Iglesia católica que, en general, ha respetado en las últimas décadas la autonomía de la ciencia en relación con la fe, como bien lo ha mencionado Antonio Lazcano en entrevista reciente con este diario (17/11/05).

El Sistema / II

El sistema

Los encapuchados se reconocen por sus toses.

Masacran a alguien durante un mes y después dicen a lo que queda de él. “Fue un error. Cuando sale ha perdido el trabajo, también los documentos.

Por leer o decir una frase dudosa, un maestro o profesor puede ser destituido; y se queda sin empleo si lo detienen, aunque sea por una hora.

A los uruguayos que canten con cierto énfasis, en una ceremonia pública, la estrofa del himno nacional que dice: ¡Tiranos, temblad¡, se les aplica la ley que condena “el ataque a la moral de las Fuerzas Armadas”: dieciocho meses a seis años de prisión. Por garabatear en un muro Viva la libertad o arrojar un volante en la calle, un hombre ha de pasar en la cárcel, si sobrevive a la tortura, buena parte de su vida. Si no sobrevive, el certificado de defunción dirá que pretendió huir, dando un traspié y precipitándose al vacío, o que se ahorcó, o que ha fallecido víctima de un ataque de asma. No habrá autopsia.

Se inaugura una cárcel por mes. Es lo que los economistas llaman Plan de Desarrollo.

Pero, ¿y las jaulas invisibles? ¿En que informe oficial o denuncia de oposición figuran los presos del miedo? Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo de hablar, miedo de escuchar, miedo de leer. En el país del silencio, se puede terminar en un campo de concentración por culpa del brillo de la mirada. No es necesario echar a un funcionario: alcanza con hacerle saber que puede ser destituido sin sumario y que nadie le dará nunca empleo. La censura triunfa de verdad cuando cada ciudadano se convierte en el implacable censor de sus actos y palabras.

La dictadura convierte en cárceles los cuarteles y las comisarías, los vagones abandonados, los barcos en desuso. ¿No convierte en  cárcel la casa de cada uno?

p. 89 Días y noches de amor y de guerra, Eduardo Galeano, Alianza Editorial

Saber elegir

Pero hay que saber elegir

¿Cuántas veces hemos confundido la bravura con las ganas de morir?

La histeria no es la historia ni un revolucionario es un enamorado de la muerte.

La muerte, que un par de veces me tomó y me soltó, a menudo me llama todavía y yo la mando a la puta madre que la parió.

p. 51 Días y noches de amor y de guerra, Eduardo Galeano, Alianza Ediorial

El Sistema / I

El sistema

Quien está contra ella, enseña la máquina, es enemigo del país. Quien denuncia la injusticia, comete delito de lesa patria.

Yo soy el país, dice la máquina. Este campo de concentración es el país: este pudridero, este inmenso baldío vacío de hombres.

Quien crea que la patria es una casa de todos, será hijo de nadie.

p. 45. Días y noches de amor y de guerra, Eduardo Galeano, Alianza editorial

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