Compartir la muerte

Miércoles 7 de diciembre de 2005

Arnoldo Kraus

Compartir la muerte

Cuando el acto no responde a “un instante de locura”, los suicidios de personas conocidas abren un mundo inagotable de preguntas. Si el suicidio se acompaña de una carta o de unas notas donde se explican los motivos que condujeron al acto las interrogantes pueden ser más profundas, más comprometedoras e incluso más complejas.

Las misivas o las notas póstumas reflejan algunas de las reflexiones finales y permiten presuponer que el suicida meditó su deseo con tiempo. Con tiempo implica que la persona que pone fin a su existencia, motu proprio, caviló en esa posibilidad “lo suficiente” y quizás tuvo una visión interna profunda acerca de su vida y de los matices que le permitían o no aceptarla y aceptarse.

¿Cuál es el significado de las notas siguientes? “Alguien tiene que hacerlo. El conocimiento de uno mismo es todo”, escribió un adulto. “Hoy es el día de la Independencia de mi vida. Estoy cansado y nadie me quiere”, anotó un joven de 20 años que se suicidó en Estados Unidos el 4 de julio.

Ideas como las previas traducen la necesidad del afectado de comunicarse por última vez e incluso de sembrar en sus seres cercanos (o en sicólogos, sociólogos, compañeros) algunas preguntas acerca de las razones del episodio. Para muchos estudiosos este tipo de documentos son la “última vía” para pedir ayuda.

El tiempo del suicida es un tiempo muy complejo. Penetrar ese tiempo puede ser imposible. Compartir la idea de la muerte con un probable suicida significa adentrarse en el ideario del afectado y con las razones por las cuales piensa que ésta práctica es válida. Significa muchas otras cosas. Términos como desesperanza, depresión, falta de oportunidades, sociedades voraces, familias desarticuladas, soledad y vejez son sólo algunos de los vocablos asociados con la idea del suicidio. Esos significados y ese compartir pueden devenir luz acerca de algunas de las razones del suicidio.

“Estoy cansada y apenada por producirles tantos problemas. He sido una carga demasiado incómoda para ustedes. Les pido perdón. Tras mi muerte todos descansaremos”, reza la nota de una joven profesionista que decidió finalizar su vida en casa de sus padres, a quienes dirigió sus últimas palabras. Estos apuntes son, otra vez, una puerta para compartir, para entender, y quizás incluso para impedir el suicidio si acaso la nota se lee antes de la acción ya sea por un “descuido intencional” o porque el afectado buscó con premeditación llamar la atención.

Con el suicidio todo es complejo. El embrollo fundamental se refiere a la autonomía (o no) de los seres humanos. La pregunta siguiente bien ilustra la dimensión del problema: ¿tienen o no derecho las personas para disponer de su vida? Las respuestas suelen ser diametralmente opuestas. Mientras que para unos representa un acto de dignidad y de autoridad, para otros, sobre todo para los religiosos, el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida. Compartir significa entender que para algunos suicidas la muerte puede ser un acto lleno de dignidad, que tiene “un tiempo” y que es un derecho. Rilke aseveraba -como sucedía con alguna frecuencia en los campos de concentración- que la muerte puede ser “el fruto granado de la existencia”. Sin duda, no pocos suicidas se identificarían con las palabras de Rilke.

Compartir implica una especie de fraternización donde el afectado demanda la escucha y en ocasiones la opinión del interlocutor. Aunque las “notas suicidas” no son muy frecuentes -uno de cada actor deja un testimonio- la mayoría suele externar su idea en repetidas ocasiones. “Hablábamos de la muerte; eso era la vida para nosotras”, reza una nota de Anne Sexton en la que describe su amistad con Sylvia Plath. Ambas poetisas dedicaron muchas horas a discutir las vías idóneas para poner fin a sus vidas. Las dos se suicidaron.

Aunque la pregunta ¿es oportuno saber de un intento suicida? puede resultar retórica, sobre todo, para quien acepte que el suicidio es un acto válido, para otros puede no serlo, ya que podría permitir intervenir “a tiempo”. No son pocas las personas que intentaron suicidarse y que posteriormente se incorporan a la sociedad, y que, al aportar su visión de la vida y de la muerte, modifican actitudes o deseos similares en otros individuos. Quizás ésa sea la razón fundamental de compartir con los posibles suicidas su ideario.

Publicado por eticadiaria

Reflexionando desde la realidad y para la realidad, una mirada a la Filosofía sin la exquisitez del lenguaje que nos aleja de la realidad

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