El lado salvaje de la educación / I

El lado salvaje de la educación / I

Recuerdo mis días de la facultad donde aprendíamos, o al menos intentábamos, filosofía y dentro ese mundo teórico,  una materia llamada “Didáctica” , traducido  como la enseñanza de la filosofía, el problema inicio el primer día de clases cuando el docente a cargo nos contó una fábula de sus días de estudiante donde nos dijo que el no creía en esa materia y por lo tanto no creía en lo que daba, así que nos dio dos opciones, darnos una calificación de aprobado, equivalente a 7 o decidir entre nosotros (20 pseudofilósofos en vía de gestación) como impartir la materia y evaluarnos entre nosotros, claro esta sin la posibilidad de alcanzar el 10, algo así como un 8 máximo.

Se acordó entre el respetable y confundido personal que cada uno prepararía un tema, lo expondría en clase y sería evaluado por los compañeros and compañeras. Obviamente sin ningún apoyo teórico o bibliográfico. Esas fueron mis bases didácticas, metodológicas. Y así fuimos arrojados a la docencia (Sin paracaídas ni manual alguno, aprender sobre la marcha o peor aún, esa máxima “Echando a perder se aprende”, menciona mi otro Yo mientras se ríe de mi pasado). Así las cosas, navegue en la docencia en escuelas privadas modestas con grupos pequeños (25 alumnos máximo, los grupos de área IV eran de 6 alumnos) donde se podía o pretendía dar clases a los grupos de preparatoria. Sobrevivimos tanto ellos como yo, un aprendizaje mutuo, ellos a no abandonar su preciada ignorancia, yo a mantener el control de los grupos y que aprendieran “algo” de filosofía, aunque fuera por error.

Por azares del destino aterrice en la educación a nivel bachillerato a nivel gobierno federal (Colegio de Bachilleres, planteles2, 7 y 13) impartiendo clases a grupos de 50 alumnos en diversos semestres (primero, segundo, quinto, semestre) en tres planes distintos (estuve 7 años como docente, jefe de materia y subdirector, pero esas son otras historias, de terror dice mi otro Yo ). Allí fue donde ser docente se pone a prueba, ya que todo lo que nos enseñan y lo que no nos enseñan no ayuda a la didáctica de la filosofía. Cabe señalar que nunca nos preparamos para la realidad, nos preparamos para largas digresiones filosóficas o el argumento verdadero válido que desarme a nuestro oponente teórico en una clase, ponencia o congreso de filosofía, nunca nos preparan para 50 adolescentes que no les interesa la que vendes.

A ello sumarle problemas de drogas, alcoholismo, bullying, violencia intrafamiliar, violencia de porros, abandono escolar y eso sin contar preparar clase, calificar, impartir clase, mantener el orden (o impedir que el caos se desborde de sus causas normales, señala mi otro Yo).

Dar clase con petardos explotando en las calles, los salones…

Enseñar filosofía envuelto en el humo de mariguana de cinco alumnos fumando en el pasillo…

Mantener el orden persiguiendo al dealer por los edificios…

Aplicarle palanca al cuello al “invitado” de los alumnos para sacarlo del plantel….

Convencer al alumno drogado de bajar del árbol pues allí no es su hogar….

Tratar de reanimar a la alumna desmayada de borracha para conseguir desbloquear su celular para llamar a sus padres…

Caminar entre petardos para cerrar la puerta e impedir que entren los porros al plantel a golpear y destruir las instalaciones…

El lado salvaje de la educación…( ¡Que tiempos aquellos de confrontar la inservible teoría con la necia realidad!, me recuerda mi otro Yo).

Continuará….

MEDICINA Y MODERNIDAD;LOS ENFERMOS SON ANÓNIMOS

Martes 27 de Abril de 2004
La Jornada, México
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Por Arnoldo Kraus

Hace algunos meses me contaba un paciente, quien además de enfermo era médico, viejo y persona, que debido a una dolencia prolongada decidió ir a Estados Unidos para obtener una segunda opinión acerca de sus males.

Decepcionado, después de algunas consultas e incontables exámenes, reparó acerca de sus colegas estadounidenses: poco o nada sabían de su historia y menos de su padecer. Sus molestias las sintetizaba en la palabra sufrimiento y sus querellas en el infinito desdén que por la persona tienen muchos médicos “modernos”. “Ni siquiera te ven. Ni siquiera saben tu nombre”, reflexionó.

Razones de sobra tenía para sentirse defraudado. La tecnología y la indiferencia son constantes de la medicina moderna. Casi parecería que la primera repele al sufrimiento y que no existe un lenguaje común entre ambas. De hecho, la medicina, tal como se ejerce en la actualidad, nada o casi nada puede ofrecer para entender la fenomenología del sufrimiento, pues pocos estudios se realizan al respecto.

Si la queja fundamental de la mayoría de los enfermos es el sufrimiento, ¿por qué los médicos no hemos sido capaces de crear una o varias escalas que midan esa vivencia? O, al menos, un instrumento que intente explicar lo que siente el afectado, lo que percibe, lo que busca y lo que quiere decir cuando dice lo que dice. Estas escalas, junto con las constantes de laboratorio y radiología, ayudarían a comprender mejor la evolución de la enfermedad.

El filósofo francés Jean-François Lyotard hablaba del “sufrimiento del pensamiento”, reflexión que sugiere que el sufrimiento es condición inseparable del acto creativo si se acepta que el vacío llama a las ideas y genera preguntas que devienen “cierta cura”. Una cura para el arte, para el pensamiento o para el dolor. En la clínica lo que vive el afectado, lo que piensa acerca del cuerpo cuando no funciona bien, de su alma y de su futuro, siempre se empapa en mayor o menor grado de una dosis de dudas y vacíos.

El vacío -o el hambre- que siembra ideas cuando de pensar se trata -Lyotard dixit- es análogo al desasosiego que vive el enfermo cuando se hace consciente de que “su cuerpo tiene cuerpo” y que el dolor habita alguna porción de “su casa” antes desconocida -de ahí que algunos filósofos consideren que el arte y el sufrimiento tengan algunas analogías-.

Dentro de ese discurso, lo que los filósofos denominan el “sufrimiento del pensamiento”, que evidentemente tiene connotación positiva para los enfermos, equivale al “sufrimiento por la incertidumbre”, que en este caso tiene una connotación negativa. Ese “sufrimiento por la incertidumbre” -¿sería más adecuado denominarlo incertidumbre por el sufrimiento?- se ha multiplicado en el modelo médico actual, en el que incluso los rostros han empezado a desaparecer.

Las quejas del médico enfermo son sólo un retrato desgarrador de lo que sucede, pues es de suponerse que dada su profesión y edad -agrego que tenía una situación económica holgada- era esperable que hubiese recibido buena atención. Diversos estudios han demostrado que en la “medicina de masas”, la mayor parte de los enfermos no conoce el nombre del médico que los atiende y que muchos doctores no saben quiénes son sus enfermos -incluso en ocasiones no conocen ni el diagnóstico.

Es también frecuente que los pacientes no sepan el nombre de su patología, el pronóstico, la naturaleza de sus medicamentos, lo que se puede o no hacer “por ser enfermos”, las formas de contagio, etcétera. Ante tal piélago de desinformación, la posibilidad de cura diminuye, pues la incomunicación aleja los espacios para estudiar las implicaciones del sufrimiento.

El panorama previo es una visión a vuela pluma de la medicina contemporánea. Es una visión rápida, pero real, en la cual denunciar los malos caminos que ha tomado esta ciencia parece ser lo único posible. No sobra agregar que este vacío no sólo afecta directamente al paciente, sino que daña a las instituciones, pues la falta de escucha, muchas veces la mejor terapia, se traduce en el incremento de exámenes cada vez más sofisticados y onerosos que suelen desdeñar las quejas fundamentales de los afectados, amén de no ser siempre útiles.

Las tribulaciones del médico-enfermo pueden englobarse en lo que arbitrariamente denomino “sufrimiento por la incertidumbre”, vivencia que traduce los sinsabores de muchos pacientes “modernos” y la “no filosofía” de muchos médicos igualmente “modernos”. En la era de la tecnología es difícil no ser iconoclasta ni escéptico si se trata de juzgar la satisfacción de los enfermos. Al incrementarse la incertidumbre -no hay quien conteste dudas o disminuya los temores de los afectados- se profundiza el sufrimiento y se minimiza aún más el valor de la persona.

Compartir la muerte

Miércoles 7 de diciembre de 2005

Arnoldo Kraus

Compartir la muerte

Cuando el acto no responde a “un instante de locura”, los suicidios de personas conocidas abren un mundo inagotable de preguntas. Si el suicidio se acompaña de una carta o de unas notas donde se explican los motivos que condujeron al acto las interrogantes pueden ser más profundas, más comprometedoras e incluso más complejas.

Las misivas o las notas póstumas reflejan algunas de las reflexiones finales y permiten presuponer que el suicida meditó su deseo con tiempo. Con tiempo implica que la persona que pone fin a su existencia, motu proprio, caviló en esa posibilidad “lo suficiente” y quizás tuvo una visión interna profunda acerca de su vida y de los matices que le permitían o no aceptarla y aceptarse.

¿Cuál es el significado de las notas siguientes? “Alguien tiene que hacerlo. El conocimiento de uno mismo es todo”, escribió un adulto. “Hoy es el día de la Independencia de mi vida. Estoy cansado y nadie me quiere”, anotó un joven de 20 años que se suicidó en Estados Unidos el 4 de julio.

Ideas como las previas traducen la necesidad del afectado de comunicarse por última vez e incluso de sembrar en sus seres cercanos (o en sicólogos, sociólogos, compañeros) algunas preguntas acerca de las razones del episodio. Para muchos estudiosos este tipo de documentos son la “última vía” para pedir ayuda.

El tiempo del suicida es un tiempo muy complejo. Penetrar ese tiempo puede ser imposible. Compartir la idea de la muerte con un probable suicida significa adentrarse en el ideario del afectado y con las razones por las cuales piensa que ésta práctica es válida. Significa muchas otras cosas. Términos como desesperanza, depresión, falta de oportunidades, sociedades voraces, familias desarticuladas, soledad y vejez son sólo algunos de los vocablos asociados con la idea del suicidio. Esos significados y ese compartir pueden devenir luz acerca de algunas de las razones del suicidio.

“Estoy cansada y apenada por producirles tantos problemas. He sido una carga demasiado incómoda para ustedes. Les pido perdón. Tras mi muerte todos descansaremos”, reza la nota de una joven profesionista que decidió finalizar su vida en casa de sus padres, a quienes dirigió sus últimas palabras. Estos apuntes son, otra vez, una puerta para compartir, para entender, y quizás incluso para impedir el suicidio si acaso la nota se lee antes de la acción ya sea por un “descuido intencional” o porque el afectado buscó con premeditación llamar la atención.

Con el suicidio todo es complejo. El embrollo fundamental se refiere a la autonomía (o no) de los seres humanos. La pregunta siguiente bien ilustra la dimensión del problema: ¿tienen o no derecho las personas para disponer de su vida? Las respuestas suelen ser diametralmente opuestas. Mientras que para unos representa un acto de dignidad y de autoridad, para otros, sobre todo para los religiosos, el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida. Compartir significa entender que para algunos suicidas la muerte puede ser un acto lleno de dignidad, que tiene “un tiempo” y que es un derecho. Rilke aseveraba -como sucedía con alguna frecuencia en los campos de concentración- que la muerte puede ser “el fruto granado de la existencia”. Sin duda, no pocos suicidas se identificarían con las palabras de Rilke.

Compartir implica una especie de fraternización donde el afectado demanda la escucha y en ocasiones la opinión del interlocutor. Aunque las “notas suicidas” no son muy frecuentes -uno de cada actor deja un testimonio- la mayoría suele externar su idea en repetidas ocasiones. “Hablábamos de la muerte; eso era la vida para nosotras”, reza una nota de Anne Sexton en la que describe su amistad con Sylvia Plath. Ambas poetisas dedicaron muchas horas a discutir las vías idóneas para poner fin a sus vidas. Las dos se suicidaron.

Aunque la pregunta ¿es oportuno saber de un intento suicida? puede resultar retórica, sobre todo, para quien acepte que el suicidio es un acto válido, para otros puede no serlo, ya que podría permitir intervenir “a tiempo”. No son pocas las personas que intentaron suicidarse y que posteriormente se incorporan a la sociedad, y que, al aportar su visión de la vida y de la muerte, modifican actitudes o deseos similares en otros individuos. Quizás ésa sea la razón fundamental de compartir con los posibles suicidas su ideario.

Menores ejercen sexoservicio en 60 zonas de Acapulco.

Misael Habana de los Santos.

En La Jornada, Pág. 31, 4 de agosto de 2003

Para algunos menores, el sexoservicio los ha trasladado del camino de la sobrevivencia a paraísos artificiales. Hay quienes tienen la ilusión de terminar la secundaria “y si antes me encuentro un gringo que me lleve al otro lado, me voy”. Otros dicen que varios restauranteros ricos y famosos fueron como ellos, por lo que siguen sus pasos para alcanzar el éxito y “tal vez Dios nos ayude”.

El programa estatal de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) reporta que en la ciudad existen 60 puntos donde se ejerce la prostitución infantil, entre ellos el zócalo, las playas y los centros comerciales. Quienes la ejercen suelen dedicarse a la mendicidad pero también pueden ser meseros, lustradores de calzado, arrendadores de motos y caballos, masajistas, vendedores  ambulantes.

Miguel López Sotelo, coordinador del programa Combate a la Pornografía y la Prostitución Infantil del DIF, asegura que el “problema” no sólo se manifiesta en zonas urbanas y turísticas de Acapulco y Zihuatanejo, sino en municipios como Tlacoachistlahuaca –zona amuzga de la Costa Chica- y en grandes poblaciones, entre ellas Chilpancingo e Iguala.

Estudios realizados por la dependencia indican que la prostitución infantil, considerada delito grave, se ha extendido de la zona turística de Acapulco a colonias suburbanas, como ciudad Renacimiento, Zapata, Coloso y Sinaí, principalmente en las terminales de autobuses y camiones que comunican con la zona rural del municipio.

López Sotelo agrega que los niños prostituidos son indígenas provenientes de la Costa Chica, amuzgos y mixtecos de los municipios de Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca, pero también de otros grupos sociales.

Un trabajo realizado por estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional en Acapulco, todos maestros de primaria, indica que pretender reducir la práctica de la sexualidad temprana en los grupos marginados, como las poblaciones indígenas y los grupos afroamericanos que habitan la Costa Chica, es un error y tal vez una actitud racista.

El estudio concluye que los niños de este puerto y de las dos Costas llevan una vida sexual activa inclusive antes de iniciar los estudios de secundaria, actuación que se manifiesta con juegos, expresiones y agresiones entre los escolares, donde el papel de la institución educativa no contribuye adecuadamente a brindar una educación sexual.

Raúl es uno de decenas de menores que en la zona de las rocas, en playa Condesa, prestan sexoservicio a los turistas. Vive con su familia en la colonia Alta Progreso.

Tuvo a los 12 años su primera experiencia sexual con un vecino de la misma edad. Un año después vino a playa Condesa invitado por otro amigo y desde entonces trabaja en este lugar. Reúne a veces hasta 500 pesos al día, “cuando más mal me va me llevo 150 pesos, hay días, los menos, en que me voy en blanco” dice.

Ahora, a sus 15 años, producto de la natación y las carreras en la playa, ha desarrollado un físico que lo hace parecer un poco mayor y “desde hace dos años con lo que gano me he comprado tenis , chanclas, playeras y bermudas. Voy a terminar la secundaria y si antes me encuentro un gringo que quiera, me voy para el otro lado”.

Otros de sus compañeros dicen que varios restauranteros ricos y famosos fueron como ellos, por lo que siguen sus pasos para alcanzar el éxito ; “tal vez Dios nos ayude”.

En abril pasado, la Policía Federal Preventiva (PFP) inició detenciones de homosexuales presuntamente pederastas. La acción, básicamente contra estadunidenses y canadienses, fue calificada de ilegal y homofóbica por los dirigentes gays Alberto Mogollón Serna y Francisco Viruel.

Sin manifestarse contra la persecución de la prostitución infantil, actividad que condenan, denunciaron la existencia de tabledance donde se prostituye a mujeres menores de edad que obtienen su credencial de elector del Instituto Federal Electoral con actas de nacimiento falsas que se venden en el Registro Civil al mejor postor.

Reclamaron a la PFP acciones contra los infractores heterosexuales que tienen relaciones con mujeres menores de edad. Hasta el momento no ha sido detenido ninguno, ni siquiera se ha realizado supervisión en los antros señalados y en áreas de la Condesa donde por las noches se puede ver a decenas de menores de edad que se dedican al sexoservicio, dijeron.

“mi trabajo es agradable”

María es de Guadalajara, Jalisco, tiene 14 años y es sexoservidora. Su cuerpo es el de una mujer mayor, de buen ver. Todas las noches, después de las 10, se coloca en la costera Miguel Alemán, cerca del monumento a la Diana, “pa’ ver que cai”.

Duerme de día y trabaja de noche. De lo que obtiene paga renta, se compra ropa, perfumes, envía dinero a su madre que vive en Guadalajara y le da a la policía para que no la moleste.

“En Acapulco me la he pasado bien. Mi trabajo es agradable, a veces con algunas broncas, pero estoy contenta y me gusta mucho el mar”. Dice que antes de trabajar en la calle lo hizo en el bar El Sombrero, donde parte de su rutina era bailar en el tubo, hacer table y sexo oral a quien se lo pidiera o “de lo que fuera” a quien pagara, pero tenía que dividir sus ganancias con el dueño del lugar. Por ello buscó la calle como otras menores que han pasado por la misma experiencia.

Franciscano entre supuestos pederastas.

En abril, en su campaña contra la prostitución infantil, la PFP detuvo al sacerdote franciscano José Guadalupe Boria de Borbón, a quien acuso de abusar sexualmente de dos niños y sumó a la lista de 18 presuntos pederastas asegurados y sujetos a proceso judicial por el mismo delito que se encuentran recluidos en el penal.

El delegado en Acapulco de la Procuraduría General de Justicia del Estado, Efrén Suástegui Mayo, informó que detuvieron “al padre Borja” por los delitos de prostitución infantil y pornografía en agravio  de dos menores, según la averiguación previa TAB/AED/196/03.

El franciscano, quien lleva 24 años de radicar en el puerto, dijo en su defensa que en ese periodo se ha dedicado a ayudar a niños y adultos que carecen de hogar, alimento y ropa, hecho que “les consta” a los acapulqueños.

En le incremento de la prostitución infantil en este puerto guerrerense hay otros factores que inciden, como la explotación laboral, pues en esta zona la mayoría de menores ejerce trabajo informal, más que en centros urbanos como el Distrito Federal y Guadalajara.

De acuerdo con el estudio 100 ciudades y conteo, en 2002 el puerto contaba con 3 mil 341 menores trabajando en diversas actividades, de los cuales la mitad son niñas, que en playas y en el zócalo de la ciudad expenden artesanías y golosinas, o de plano se dedican a la mendicidad controlados por adultos.

Según el programa internacional para la erradicación del trabajo infantil 2002, “en Acapulco algunos restaurantes ubicados en la playa emplean niños de 7 a 12 años para que atraigan clientes y cobran exclusivamente una comisión sobre las bebidas que consumen”.

El DIF municipal tiene programas para atender a estos niños que trabajan o viven en la calle.

Psicólogos y trabajadores sociales de esta dependencia realizan recorridos nocturnos en sitios claves para ayudar a los infantes que se drogan o se prostituyen para obtener dinero y comprar chemo.

El padre de Ricardo es limpiabotas, le enseño el oficio y lo trajo a los 12 años a trabajar en el zócalo. Aunque a sus 15 años ya es papá, no vive con la madre de sus hija, sino en la casa de sus padres, en Ciudad Renacimiento.

Antes les daba a sus padres todo el dinero que sacaba del boleo, 150, 200 y hasta 300 pesos, dependiendo del día. Aunque menor de edad, desde hace algún tiempo se ha independizado del padre y sólo le otorga lo correspondiente a la renta de la silla.

Ricky, como le dicen sus compañeros con quien comparte no sólo el oficio, sino edad, gustos y aficiones, descubrió que aceptando invitaciones de sus clientes ganaba mucho más dinero y desde entonces “se acuesta” con hombres que le pagan entre 300 y 500 pesos.

Los boleros están coordinados entre sí. Cuando uno no puede cumplir una invitación, envía a otro. Sólo cierra el Kiosco y se va a cumplir con su otro trabajo que les da mayores recursos que la limpieza del calzado.

Ricky dice que los domingos, o cuando no hay mucha chamba, se va con sus cuates, los otros boleros, a “ligar” a playa Condesa, donde se gana mejor.

Después de la detención de los 18 sacerdotes pederastas, la mayoría extranjeros, el arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco, sostuvo que en el puerto existen más bandas dedicadas a la prostitución y pornografía infantil y felicitó a los cuerpos policíacos por los operativos para detener a los que promueven el llamado “turismo sexual”.

“Creo que es una acción que desde hace mucho tiempo la debían de haber hecho. Pero qué bueno que ya la iniciaron, porque no es la única banda, porque se ve que es una banda muy bien organizada”, indicó.

Aguirre Franco expresa que en Acapulco “aterrizan” jóvenes y niños que se han escapado de sus lugares de origen “y andan buscando trabajo entre comillas, porque quieren que alguien les dé dinero para subsistir. Entonces, hay muchos niños que se escapan de sus casas y tenemos que estar pendientes de resolver la problemática de estos muchachos que van a caer en las redes de la prostitución infantil”, concluye.

El obispo que murió dos veces

La memoria está presa en los museos y no tiene permiso de salida.

El obispo Juan Gerardi dirigió la investigación del terror en Guatemala.

Una noche de la primavera de 1998, el obispo presentó los resultados, mil cuatrocientas páginas, más de mil testimonios, en el patio de la catedral. Y dijo:

Bien sabemos que este camino, el camino de la memoria, está lleno de riesgos.

Dos noches después, apareció tendido sobre su sangre con el cráneo despedazado a golpes de piedra.

En seguida, como por arte de magia, fue lavada la sangre y fueron borradas las huellas. Se escucharon confesiones que eran, más bien, confusiones, y se lanzó una gigantesca operación internacional para convertir el asesinato en un laberinto intransitable.

Y así ocurrió la segunda muerte del obispo. En la sucia tarea participaron abogados, periodistas, escritores y criminólogos de alquiler. Nuevos culpables, y nuevas historias, aparecían y desaparecían a ritmo de vértigo, paladas de infamia sobre el cuerpo de la víctima, para salvaguardar la intocable impunidad de los autores de este crimen y de doscientos mil asesinatos más:

Fue alguno de los comunistas infiltrados en la Iglesia.

-Fue la cocinera.

-Fue el ama de llaves

-Fue el borrachito ése que duerme frente a la parroquia.

-Fue por celos.

-Entre maricas, es muy típico eso de partir la cabeza.

-Fue una venganza, un cura que se la tenía jurada.

-Fue el cura ése, y el perro.

-Fue…

p. 319, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Un beso abrió las puertas del infierno

Fue la señal. Como la traición contada en los evangelios:

A la que yo dé un beso, ésa es.

Ya fines de 1977, en Buenos Aires, el Ángel Rubio besó, una tras otra, a Esther Balestrino, María Ponce y Azucena Villaflor, fundadoras de las madres de Plaza de Mayo, y a las monjas Alice Domon y Leónide Duquet.

Y se las tragó la tierra. El ministro del Interior de la dictadura militar negó que las madres estuvieran presas y dijo que las monjas se habían ido a México, a ejercer la prostitución.

Después se supo que todas, madres y monjas, habían sido torturadas y arrojadas vivas al mar desde un avión.

Y el Ángel Rubio fe reconocido. A pesar de la barba y de la gorra, fue reconocido, cuando los diarios publicaron la foto del capitán Alfredo Astiz firmando, cabizbajo, la rendición ante los ingleses. Era el fin de la guerra de las Malvinas, y él no había disparado ni un tiro. Estaba especializado en otros heroísmos.

p.316, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Mapa de la Guerra Fría

Macho, lo que se dice macho, hombre de pelo en pecho, es el senador Joseph MacCarthy. A mediados del siglo veinte, aporrea la mesa con el puño y ruge denunciando que la patria corre grave peligro de caer en las garras del totalitarismo rojo, como esos reinos del terror detrás de la Cortina Hierro donde

se asfixia la libertad,

se prohíben libros,

se prohíben ideas,

los ciudadanos denuncian antes de ser denunciados,

quien piensa atenta contra la seguridad nacional

y quien discrepa es un espía al servicio del enemigo imperialista.

El senador MacCarthy siembra el miedo en los Estados Unidos.

Y por orden del miedo, que manda asustando,

se asfixia la libertad,

se prohíben los libros,

se prohíben ideas,

los ciudadanos denuncian antes de ser denunciados,

quien piensa atenta contra la seguridad nacional

y quien discrepa es un espía al servicio del enemigo comunista.

p.295, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Quiéreme mucho

Los amigos de Adolf Hitler tienen mala memoria, pero la aventura nazi no hubiera sido posible sin la ayuda que de ellos recibió.

Como sus colegas Mussolini y Franco, Hitler contó con el temprano beneplácito de la Iglesia Católica.

Hugo Boss vistió a su ejército.

Bertelsmann publicó las obras que instruyeron a sus oficiales.

Sus aviones volaban gracias al combustible de la Standar Oil y sus soldados viajaban en camiones y jeeps marca Ford.

Henry Ford, autor de esos vehículos y del libro El judío internacional, fue su musa inspiradora. Hitler se lo agradeció condecorándolo.

También condecoró al presidente de la IBM, la empresa que hizo posible la identificación de los judíos.

La Rockefeller Foundation financió investigaciones raciales y racistas de la medicina nazi.

Joe Kennedy, padre del presidente, era embajador de los Estados Unidos en Londres, pero más parecía embajador de Alemania.

Y Prescott Bush, padre y abuelo de presidentes, fue colaborador de Fritz Thyssen, quien puso su fortuna a servicio de Hitler.

El Deustche Bank financió la construcción del campo de concentración de Auschwitz.

El consorcio IG Farben, el gigante de la industria química alemana, que después pasó a llamarse Bayern, Basf o Hoechst, usaba como conejillos de Indias a los prisioneros de los campos, y además los usaba de mano de obra. Estos obreros esclavos producían de todo, incluyendo el gas que iba a matarlos.

Los prisioneros trabajaban también para empresas, como Krupp, Thyssen, Siemens, varta, Bosch, Damier Benz, Volkswagen y BMW, que eran la base económica de los delirios nazis.

Los bancos suizos ganaron dinerales comprando a Hitler el oro de sus víctimas: sus alhajas y sus dientes. El oro entraba en Suiza con asombrosa facilidad, mientras la frontera estaba cerrada a cal y canto para los fugitivos de carne y hueso.

Coca-Cola inventó la Fanta para el mercado alemán en plena guerra. En ese periodo, también Unilever, Westinghouse y general Electric multiplicaron allí sus inversiones y sus ganancias. Cuando la guerra terminó, la empresa ITT recibió una millonaria indemnización porque los bombarderos aliados habían dañado sus fábricas en Alemania.

p.282, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

La impunidad es hija del olvido

El imperio otomano se caía a pedazos y los armenios pagaron el pato. Mientras ocurría la primera guerra mundial, una carnicería programada por el gobierno acabó con la mitad de los armenios de Turquía:

casas saqueadas y quemadas,

caravanas de desnudos arrojados al camino sin agua ni nada,

mujeres violadas a la luz del día en la plaza del pueblo,

cuerpos mutilados flotando en los ríos.

Quien no murió de sed o hambre o frío, murió de cuchillo o bala. O de horca. O de humo: en el desierto de Siria, los armenios expulsados de Turquía fueron encerrados en cuevas y asfixiados con humo, en lo que fue algo así como una profecía de las cámaras de gas de la Alemania nazi.

Veinte años después, Hitler estaba programando, con sus asesores, la invasión de Polonia. Midiendo los pros y los contras de la operación, Hitler advirtió que habría protestas, algún escándalo internacional, algún griterío, pero aseguró que ese ruido no duraría mucho. Y preguntando comprobó:

¿Quién se acuerda de los armenios?

p. 279, Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

Sangre negra

Era de cordero la sangre de las primeras transfusiones; y corría el rumor de que esa sangre hacía crecer lana en el cuerpo. En 1670, Europa prohibió las experiencias.

Mucho tiempo después, hacia 1940, las investigaciones de Charles Drew aportaron técnicas nuevas para el procesamiento y almacenamiento del plasma. En mérito a sus hallazgos, que salvaron millones de vidas durante la segunda guerra mundial, Drew fue el primer director del banco de Sangre de la Cruz Roja en los Estados Unidos.

Ocho meses duró en el cargo.

En 1942, una orden militar prohibió que la sangre negra se mezclará con la sangre blanca en las transfusiones.

¿Sangre negra? ¿Sangre blanca? Esto es pura estupidez, dijo Drew, y se negó a discriminar la sangre.

Él entendía del asunto: era científico, y era negro.

Y entonces renunció, o fue renunciado.

p. 278. Espejos, Eduardo Galeano, Siglo XXI

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