Vuelos de la muerte

El oficial participó en el asesinato de 53 detenidos; falleció en 1991

Testimonio de militar detalla los vuelos de la muerte de la dictadura argentina

Stella Calloni

Corresponsal

Periódico La Jornada
Viernes 21 de marzo de 2014, p. 22

Buenos Aires 20 de marzo.

Fuertes revelaciones sobre crímenes de la pasada dictadura militar en Argentina (1976-1983), surgen del testimonio del teniente coronel Eduardo Francisco Stigliano, quien antes de morir a fines de 1991, en una demanda de pensión por neurosis de guerra, detalló a la jefatura militar su participación en el asesinato de 53 detenidos, cuyos cadáveres fueron arrojados al río de La Plata desde aviones militares, y también de la ejecución de jefes de la organización Montoneros y otros militantes.

Este documento, que impactó entre los familiares de miles de víctimas, fue encontrado en los archivos que aparecieron el año pasado en un sótano del Ministerio de Defensa y permitió conocer cómo funcionaba la Sección de Operaciones Especiales en Campo de Mayo (SOE) durante la dictadura, que hasta estos momentos era una versión fantasma de los hechos.

La SOE fue la encargada de la represión que dejó decenas de desaparecidos entre los integrantes de la de la organización Montoneros, que en los años 79-80 regresaron del exilio para participar aquí en una contraofensiva contra la dictadura ya debilitada.

Las periodistas Alejandra Dandan y Victoria Ginzberg, de Página 12, accedieron a este documento por medio del cual Stigliano, fallecido a los 49 años en Entre Ríos, reclamaba haber sido gravemente afectado por cumplir estas órdenes criminales.

Las prácticas concretas que afectan al suscripto (…) están referidas virtualmente al método ordenado para la ejecución física de los subversivos prisioneros, a los cuales sin ningún tipo de juicio de defensa, se me ordenaba matarlos a través de los distintos médicos a mis órdenes con inyecciones mortales de la droga ketalar. Luego los cuerpos eran envueltos en nylon y preparados para ser arrojados de los aviones Fiat G 22 o helicópteros al río de La Plata, narró el militar ante el ejército.

Relató también que los aviones partían en horarios nocturnos desde el batallón de aviación del ejército 601.

Otra metodología a la que hace referencia es la de los fusilamientos ordenados por el comandante de Institutos Militares con la presencia de los directores de las distintas escuelas de armas y otros institutos para comprometerlos en el crimen.

Este documento es clave para el juicio que se realiza por el asesinato y desaparición de los participantes de la contraofensiva, ordenada por la dirección de Montoneros y por medio de la cuál regresaron a Argentina clandestinamente militantes desde el exilio, algunos muy jóvenes, la mayoría de los cuáles están desaparecidos.

De esta manera confirma y da detalles en primera persona sobre delitos de lesa humanidad, y demuestra que en Campo de Mayo se concentró el accionar represivo contra los miembros de Montoneros que regresaron al país entre 1979 y 1980. Es asimismo clave para identificar a un grupo de tareas hasta el momento desconocido como la SOE en la guarnición de Campo de Mayo, señalan las periodistas.

El 17 de octubre de 1991, el teniente coronel hizo un descargo sobre su trastorno de salud –una especie de neurosis con síndrome violento– en su domicilio, que le fue tomado por un oficial de la Brigada de Caballería Blindada 2 de Entre Ríos, que se trasladó hasta su casa.

El testimonio, con que el militar intentaba lograr un retiro anticipado resulta impresionante en todos sus aspectos, y advierte sobre las secuelas que le dejó lo que llamaban la lucha contra la subversión en realidad secuestros, torturas, asesinatos en todos los casos a personas indefensas hacinadas en los Centros Clandestinos de Detención, uno de los cuáles estuvo en Campo de Mayo.

En su informe, Stigliano relata sus pesadillas en forma permanente, relacionadas con las actividades que, como jefe de la SOE de la guarnición militar de Campo de Mayo, se me ordenaron ejecutar y que constituyeron violaciones flagrantes a la Constitución, las leyes y reglamentos militares, toda vez que se identificaron con las prácticas más aberrantes que se puedan concebir, en relación al respeto básico de los derechos del prisionero de guerra consagrados en los Convenciones de Ginebra, el derecho internacional de guerra y otras leyes que rigen el orden internacional, sostuvo el militar.

En el año 2010 un reporte de la revista entrerriana Análisis, que dirige Daniel Enz, investigador de los crímenes de la dictadura militar en la provincia de Entre Ríos, demostró como Stigliano logró que se designara durante la dictadura a su cuñado Florencio Arteaga, como agente encubierto del Batallón 601.

El informe de Stigliano a sus superiores en 1991 ante la Dirección de Personal del Estado Mayor General del Ejército (EMGE) tiene un enorme valor en lo judicial y en la reconstrucción histórica de los sucedido durante la pasada dictadura.

Como señalan los periodistas de Tiempo Argentino, Stigliano había dado testimonio sobre los llamados vuelos de la muerte mucho antes de las declaraciones (en 1995) del ex marino Adolfo Scilingo quien también mencionó una necesidad de descargarse de hechos del pasado cuando denunció esos vuelos en alguno de los cuáles participó.

En la historia clínica de Stigliano se certifica que “el 17 de septiembre de 1979, fue asistido por presentar una perforación en la mano derecha por esquirla de granada (…) en circunstancias en que el causante cumplía una misión de combate ordenada contra la subversión”.

Aquel día, el integrante de la conducción nacional de Montoneros, Horacio Mendizábal, y el ex diputado peronista Armando Croatto, quien encabezaba el brazo sindical de esa organización estaban esperando en el estacionamiento de un supermercado en la localidad de Munro a un compañero Jesús María Luján Vich, sin saber que éste había caído dos días antes en manos del ejército. Los secuestradores de ese militante lo llevaron después de terribles torturas al lugar de la cita.

Los represores, a su vez, no imaginaron que Luján Vich saltaría del auto para malograr la emboscada con un grito. Fue el primero en caer. El tiroteo fue breve y concluyó con la muerte de sus dos compañeros, luego de que Mendizábal alcanzara a arrojar una granada. Sus esquirlas atravesaron la mano del jefe de la patota que era nada menos que el entonces capitán Stigliano. De esto también habló en su carta.

Doce años después, con un cuadro depresivo creciente y confesando persistentes pesadillas, Stigliano hizo su reclamo ante el EMGE para obtener un aumento salarial en concepto de invalidez por su neurosis de guerra. Sin embargo, algunos de sus jefes consideraron la gravedad de las afirmaciones vertidas… por el causante, que deben ser analizadas por afectar a la Fuerza, exteriorizando con ello un deliberado propósito de generar problemas institucionales.

El 19 de noviembre de 1991, Stigliano envió un largo escrito de siete cuartillas con su firma, en la que mencionó una visita del general Leopoldo Fortunato Galtieri al centro clandestino El Campito recalcando que su propósito era dialogar con el delincuente subversivo Petrus (luego ejecutado). Aclara que el detenido había sido capturado bajo sus órdenes.

Lo que estaba describiendo eran los últimos momentos del dirigente Horacio Domingo Campiglia, secuestrado el 12 de marzo de 1980 en el aeropuerto de Río de Janeiro, después de aterrizar procedente de México, junto con Mónica Susana Pinus, en el marco de la Operación Cóndor. Ambos están desaparecidos.

De acuerdo a los testimonios reunidos ambos fueron bajados a golpes por un grupo de argentinos con la presencia de efectivos del ejército de Brasil, en una acción conjunta. El jefe del grupo de tareas argentino era Stigliano. Este documento es una pieza clave y abre nuevas posibilidades de búsquedas que ayudarán en la causa donde se investigan y juzgan, los crímenes de lesa humanidad en contra de los detenidos-desaparecidos, que participaban en la contraofensiva. Pero también arroja elementos importantes para la investigación sobre la coordinadora criminal de las dictaduras que fue la Operación Cóndor y el papel del Batallón 601, en este siniestro laberinto.

Disparidades en la salud mundial

México D.F. Miércoles 7 de enero de 2004

Arnoldo Kraus

Disparidades en la salud mundial

Cada año la Organización Mundial de la Salud (OMS) presenta el Informe sobre la salud mundial. El de 2003 es fiel espejo de la terrible condición humana, de las políticas miopes de los países ricos, de la incapacidad de las naciones pobres para evitar muertes previsibles y de las distancias cada vez mayores entre las naciones del primer mundo y las del tercero. Las cifras ofrecidas por la OMS muestran cuán inadecuadas son las políticas de salud mundial y lo poco que ha logrado incidir esta organización en la mente de los mandatarios, tanto los de naciones ricas como los de las pobres.

La OMS revela dos mapas: uno de injusticias y fracasos, y otro con un diagnóstico aterrador. Las cifras muestran lo obvio: aunque ha adquirido otras caras, el darwinismo social está vigente. Y no sólo vigente, sino que se ha convertido en una política mundial, en una forma aceptada de convivencia donde muchos mueren por causas previsibles, así como en una aterradora realidad en la que la esperanza de vida en algunas naciones ha decrecido en los últimos años. La salud mundial ha empeorado porque no se invierte lo suficiente ni en prevención ni en curación, y debido también a que las prioridades de los países ricos se localizan en áreas que no tienen que ver con lo que sucede en las naciones pobres. Algunos ejemplos ilustran cómo camina la humanidad.

Aunque Africa es el mejor laboratorio en el mundo para hablar de darwinismo social, no pocas comunidades de la América profunda padecen por la escasa y mala atención médica. La mortalidad infantil y el sida esquematizan esas dismetrías. De los 57 millones de niños y niñas que fallecieron en 2002, 98 por ciento murieron en países en desarrollo. Cada hora, 500 madres africanas pierden un hijo menor de cinco años; la inmensa mayoría de esos decesos son efecto de enfermedades previsibles, ya sea de la progenitora o del vástago. Asimismo, al menos en 10 naciones africanas la mortalidad infantil aumentó en la última década. En otras naciones, por ejemplo, en el norte de Nigeria, la OMS se enfrenta a otra epidemia: algunos líderes musulmanes han impedido, por razones religiosas, que se lleven a cabo las campañas de vacunación contra la poliomielitis.

Más desastroso es cavilar en el futuro de los recién nacidos en naciones como Sierra Leona: una niña que nazca este año tiene una esperanza de vida de 36 años, casi 20 menos de lo previsto 10 años atrás. En cambio, una niña japonesa que vea la luz el mismo día que la africana tendrá una expectativa de vida de 85 años. La explicación de tales diferencias es tan obvia como dolorosa: en la primera se gastan 3 dólares al año en medicamentos, mientras en la japonesa se invertirán 500. Agrego que en Africa por cada mil nacimientos mueren 170 niños, mientras en Europa la tasa de mortalidad es de 20 por mil.

Junto con la mortalidad infantil el sida ofrece la mejor radiografía de la conciencia humana. Es la causa principal de mortalidad en adultos entre 15 y 59 años. Debido a que en algunas poblaciones de Africa más de la tercera parte de los habitantes está infectada por el virus de la inmunodeficiencia humana o padece la enfermedad, es probable que algunos pueblos “desaparezcan” en las próximas décadas. Se calcula que de los 4 millones 100 mil personas que en Africa requieren medicamentos antirretrovirales -para tratar el VIH- sólo uno por ciento lo recibe. En algunos países ricos, la cobertura es cercana a 90 por ciento. Debido al sida y la tuberculosis -infección que ha resurgido en los países pobres y que está directamente asociada con el sida- fallecieron 3 millones de personas en 2002. Con los nuevos tratamientos la inmensa mayoría de esas muertes pudiesen haberse evitado.

Ejemplos sobran, espacio falta. La realidad es contundente: los espectaculares avances en la medicina han soslayado los espectaculares retrocesos en la salud de algunas naciones. En muchos países se ha llegado al peor de los escenarios: la esperanza de vida ha disminuido mientras la mortalidad infantil ha aumentado. No debe decirse que el rezago sea a costa de los logros en los países ricos. No debe decirse tampoco que el estudio del genoma sea más o menos importante que el tratamiento de la tuberculosis. No debe siquiera afirmarse que se deba invertir dinero en distribuir fármacos a todos los que padecen sida y descuidar la investigación sobre embriones humanos. No debe decirse que la ciencia tiene dos caras y que los políticos son ineptos; bueno, eso sí. Es cierto, no debe decirse lo que no debe decirse, pero hay mucho que decir cuando uno se entera por qué muere la gente.

Medicalizar la vida

México D.F. Miércoles 14 de abril de 2004

Arnoldo Kraus

Medicalizar la vida

En Estados Unidos, las compañías que elaboran medicamentos incrementaron entre 1999 y 2003 la producción y venta de varios fármacos. Decir que lo hicieron en forma alarmante sería inadecuado, pues ¿quién puede siquiera considerar que las medicinas son un “negocio redondo”? Veamos lo que sucedió con tres tipos de drogas.

En 1999 se formularon 75 millones de recetas que contenían algún antidepresivo. Cuatro años después se duplicaron y, sin duda, las ventas generaron mucho más dinero, pues al igual que la mayoría de las medicinas de formulación reciente los nuevos antidepresivos son más costosos. En 1999 se extendieron 110 millones de recetas de medicamentos destinados a paliar el dolor; en 2004, éstas alcanzaron la cifra récord de 150 millones. Finalmente, y como símbolo de la era de los grasosos estadunidenses -basta visitar cualquier shopping mall para entender el término-, las recetas que contenían pastillas destinadas a reducir el nivel de colesterol incrementaron su número de 75 millones a 125 millones.

Además del enorme negocio -la mayoría de las compañías farmacéuticas cotizan en las principales bolsas de valores- y del indudable encanto de la ciencia, el incremento en las prescripciones, debe contextualizarse, dentro de la presión que ejerce la modernidad sobre la mayoría de los seres humanos y que los orilla a medicalizar su vida.

Aunque la medicalización es más popular en las clases ricas, sorprende que también los pobres destinen parte de su salario a adquirir fármacos no indispensables.

Ya que la palabra medicalización no existe ni en el Diccionario de la lengua española ni en el de María Moliner –Diccionario de uso del español- propongo, con modestia, los siguientes criterios.

Medicalización implica someter la salud personal y/o familiar a la voluntad de personas o grupos ajenos que pretenden normar criterios de salud universales y que suelen regirse por las presiones o corrientes prevalecientes, dentro de las que deben incluirse las que persiguen fines comerciales. Implica, asimismo, permitir que terceras personas decidan acerca de tópicos cruciales en la vida de los individuos. Dentro del primer apartado destaca la venta y la fascinación por los medicamentos; dentro del segundo, los tiempos y sitios donde se debe morir.

¿Tienen algo en común dos fármacos -antidepresivos y analgésicos- mencionados en el primer párrafo? Desde el punto de vista químico o terapéutico, la respuesta es no. Desde una perspectiva un tanto iconoclasta, un mucho antimedicalista y otro tanto “antimodernista” la respuesta es sí. Es cierto que la definición de salud ha variado con el tiempo al igual que conceptos tan obvios como dolor, depresión o hipercolesterolemia. Sin embargo, lo que incomoda es que las modificaciones provengan más de la sociedad -de la sociedad medicalizada- que del individuo.

La depresión, por ejemplo, es un tema “muy candente” en la medicina moderna, sobre todo en la diseñada para los ricos.

Para quienes pugnan por medicalizar la vida, la depresión es buen negocio. Baste decir que el número de niños y niñas que toman antidepresivos crece continuamente, que muchos depresivos son considerados casos crónicos -algunos “para siempre”- y que en no pocas ocasiones los depresivos son blanco perfecto para recibir esos fármacos por años.

El uso inadecuado de antidepresivos se ilustra, por ejemplo, cuando se prescriben para mitigar el duelo por la pérdida de un ser querido, es decir, para anticiparse a la depresión normal del duelo. Otro ejemplo: hay galenos que deciden que “su” enfermo debe estar en su “mejor forma” para el tiempo venidero.

Con los analgésicos la situación es distinta, pero no del todo. Siempre me ha divertido el término en inglés, que más que shakespiriano me parece parte del inglés estadunidense moderno y, por supuesto, brazo de la medicalización: pain killer. Huelga decir que su traducción al español es imposible, ¿asesino del dolor?; no así su traducción a las arcas de quienes generan killer pains y que por doquier los anuncian.

Es obvio que el dolor es una cuestión personal al igual que su tolerancia y creo que nuestros antepasados lo percibían igual que nosotros. Sin embargo, tanto la medicina como el comercio se han encargado de crear una “industria del dolor” que poco a poco ha modificado esta vivencia. De hecho, es frecuente escuchar que la industria farmacéutica los sugiere para “prevenir dolores”.

Me falta espacio para discutir otras obsesiones como la contaminación de las aguas por seres continuamente medicados, penes siempre erectos gracias a las nuevas medicinas, florecimiento de las peluquerías porque desaparecerán los calvos, y disminución en el número de poetas o pintores porque los aires se inundarán de antidepresivos. En cambio, a quienes han medicalizado la vida, y a las compañías farmacéuticas les falta tiempo para seguir despersonalizándonos.

Derecho a contagiar

​Análisis

PROCESO

​¿Derecho a contagiar y tercera ola covid-19?

Es evidente que la medida de vacunación obligatoria, respaldada por los organismos internacionales especializados, representa una intervención sanitaria idónea y exitosa para combatir la terrible pandemia del covid-19 en aras del bien común.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A raíz del covid-19 ha surgido, en muchos países, un debate sobre la vacunación obligatoria decretada por algunos Estados y un alegado derecho de las personas a decidir sobre su salud corporal, y por ende a no vacunarse.

Son dos intereses en conflicto: el de la salud de la comunidad, defendido por autoridades, y el interés particular, defendido por quien se resiste a vacunarse.

Este debate entraña una cuestión clave de filosofía social: la relación que se da entre sociedad y persona. La filosofía arroja luz para comprender las cosas en una época en que campean ideologías y teorías falsas que adulteran el concepto de derechos fundamentales, o niegan todo derecho a la persona disuelta en la colectividad.

El individualismo considera a la persona perfectamente acabada en sí misma, asociándose con los demás por razones prácticas de oportunidad, como explica Brugger. El individuo lo es todo con valor propio, en tanto la sociedad, mero medio artificial sin valor en sí.

En el otro extremo está el colectivismo: la sociedad lo es todo con valor propio y el individuo, algo inacabado, carente de valor como tal, dependiendo para todo de la comunidad, que le da su sentido y finalidad esenciales. Ambas posturas son erróneas al partir de un concepto equivocado de la naturaleza del ser humano.

Ni ser perfecto en sí mismo al margen de la sociedad, sin deberes solidarios para con ella, ni mero engranaje de una colectividad endiosada y negadora de todo derecho individual.

La doctrina del solidarismo en contraste con las dos ideologías erróneas antes mencionadas, ubica a persona y sociedad en sus justos lugares, en su natural correlación. La persona humana posee una personalidad y dignidad imperecederas garantizadas por derechos intangibles, nunca es simple medio; sin embargo, “no es un ser acabado en sí, sino dotado de esencial relación a la comunidad”. La comunidad no es algo extraño a sus integrantes, es la unión de ellos en torno a un bien común que postula deberes y derechos sociales que benefician al todo y a las partes.

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El solidarismo da las bases para un lúcido análisis deliberativo sobre los criterios que deben tomarse en cuenta para que el esquema de vacunación obligatoria en aras del bien común, de la salud pública en el contexto del covid-19, tenga prelación sobre la autonomía de la persona que se resiste a ser vacunada.

La vacunación obligatoria puede significar que el Estado imponga compulsivamente la administración de la vacuna, o que imponga sanciones al que incumpla con la obligación de vacunarse, como multas, impedimentos para acceder a escuelas, restaurantes sin un certificado de vacunación.

El administrar -aplicar- la vacuna compulsivamente viola los derechos fundamentales relativos a la dignidad de la persona, pero el hacerla obligatoria sin que su aplicación misma sea compulsiva, imponiendo sanciones como las antes descritas en caso de incumplimiento, es conforme al bien común de cumplirse ciertos criterios legitimadores de la injerencia en la vida privada de las personas.

Los criterios legitimadores de la vacunación obligatoria se han venido desarrollando en la doctrina y en la jurisprudencia de los tribunales nacionales e internacionales que dirimen controversias relativas a derechos fundamentales.

La medida injerencista -la vacunación obligatoria en el sentido legítimo antes apuntado- en el ámbito privado de la persona, debe estar fundada en las leyes aplicables; a la luz de ello, el deber social de vacunación debe contar con bases específicas en la normatividad interna.

La medida debe perseguir los fines establecidos en dichas leyes. El fin de dichas leyes debe ser el proteger a la población contra enfermedades que representen un grave riesgo contra la salud, vacunando al mayor número posible para lograr una inmunización general, en referencia tanto a quienes reciben la vacuna como a quienes no la reciben y se encuentran en situación de vulnerabilidad como los menores, por ejemplo.

Debe determinarse si tal medida es necesaria en una sociedad libre, si responde a una necesidad social apremiante, si está fundada en razones pertinentes y suficientes, y si cumple con el principio de proporcionalidad entre la carga representada por la medida injerencista (vacunación obligatoria) y el fin perseguido (protección de la salud pública, con especial énfasis en las personas vulnerables como los niños).

Es evidente que la medida de vacunación obligatoria, respaldada por los organismos internacionales especializados, representa una intervención sanitaria idónea y exitosa para combatir la terrible pandemia del covid-19 en aras del bien común, fin de toda sociedad verdaderamente libre. Según datos del prestigiado CDC (Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos), las vacunas contra el covid-19 son altamente efectivas.

El objetivo de proteger, vía dicha vacunación obligatoria, la salud de todos los integrantes de la comunidad contra la pandemia del Covid-19, justifica que cada persona, aun la de menor riesgo, asuma la carga y el riesgo mínimo de vacunarse obligatoriamente, en cumplimiento de un deber social de bien común, junto con los deberes elementales de higiene de manos, sana distancia, cubrebocas que debe ser también obligatorio, y en caso necesario, confinamiento temporal obligatorio por encima de criterios económicos.

En consecuencia, se cumple con el criterio de proporcionalidad destacado en el trascendente caso resuelto por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en julio de 2020, Vavricka v Czeck Republic. Por ello, no hay razón válida para incumplir tal deber social prioritario en virtud de las circunstancias descritas, aduciendo un derecho a decidir sobre la salud que equivale en este caso, a apelar a un “derecho” de la persona a contagiar a los demás.

El dejar al arbitrio de cada persona el vacunarse, solamente recomendando la vacunación contra el covid-19, atrofia la gestión del bien común en materia de salud pública, las exigencias de solidaridad a cargo de todos para bien de todos, más en estos tiempos donde la ideología individualista predomina, muy de la mano de los mitos conspirativos y antivacunas, y del mito de J. Butler, seudo intelectual que disfraza sus textos fantasmagóricos y fanáticos con barnices de oscura erudición apta para esnobs y analfabetas por igual.

Mito ese último según el cual los cuerpos no tienen una existencia significativa, “antes de la marca del género”; era de esperarse conforme a tal mitología, que el arbitrio, sentimiento y palabra “divina” del género disolvieran el virus covid-19 de los cuerpos supuestamente irrelevantes. No lo lograron, muriendo por desgracia, cientos de miles de cuerpos -templos del espíritu cuando vivos y jamás irrelevantes- en el mundo atribulado.

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En el caso específico de México, cabe señalar que el Estado no ha instrumentado un esquema de vacunación obligatorio. Conviene señalar al respecto, que la ley mexicana contempla casos en que la vacunación debe ser obligatoria.

El artículo 144 de la Ley General de Salud establece: “La vacunación contra enfermedades transmisibles, prevenibles por ese medio de inmunización, que estime necesaria la Secretaría de Salud, será obligatoria en los términos que fije dicha dependencia y de acuerdo con lo previsto en la presente Ley”.

En conclusión, por las razones esgrimidas, en el caso del covid-19, el principio del bien común, el interés de la comunidad tiene prelación sobre el derecho de las personas a decidir sobre su salud, sobre el interés particular, cuando se cumplen los criterios de racionalidad mencionados. En consecuencia, la vacunación obligatoria en el sentido apuntado, resulta necesaria, justa e idónea, de la mano de las otras medidas preventivas mencionadas.

Ojalá que la tercera ola ahogadora de vidas haga reflexionar a las autoridades para que se combata dicha pandemia, conforme a las exigencias apremiantes de bien común, y a la población, para que cumpla su deber de solidaridad, propio de una sociedad verdaderamente libre y justa. Dedico este artículo a todos los médicos y enfermeras del país que de manera heroica han trabajado en condiciones harto difíciles, salvando vidas, muchos de ellos sacrificando la propia.

Enfermedad

​Enfermedad: notas desveladas

​Arnoldo Kraus

La Jornada

12 de septiembre 2007

Hace pocos días encontré, entre mis viejos cuadernos, una idea que por veraz resulta terrible. Suelo entremezclar, en los mismos apuntes, pensamientos y vivencias de pacientes con reflexiones filosóficas o literarias acerca de la enfermedad. Andado el tiempo, entiendo que la literatura se nutre de la enfermedad y, que ésta, a su vez, mama de las bellas artes la libido de la vida o el sabor de la muerte. Ambas, la literatura y la enfermedad, pueden convertirse en delirio y, aunque duelen y modifican el quehacer de la vida por vías distintas, las dos tienen la capacidad de perturbar la memoria y alumbrar el mundo con intensidades similares.

Veamos: mientras Ovidio decía dolor dictat, un paciente me aseguraba: “el dolor me dicta lo que debo y puedo hacer el resto del día. Su ausencia permite, su presencia prohíbe”. Alphonse Daudet, quien fue, como muchos otros grandes escritores del siglo XIX, víctima de la sífilis, escribió: “Dolor, has de serlo todo para mí. Deja que encuentre en ti todas esas tierras extranjeras que no me dejaras que visite. Sé mi filosofía, sé mi ciencia”. Junto con las ideas de Daudet rescato las oraciones de un paciente que padecía artritis reumatoide y que sufría continuamente dolores: “Mis días utilizan el lenguaje del dolor. Mi voz calla, llueve o reverdece de acuerdo al tono del dolor. El azul del cielo y el gris de las lluvias no dependen de la fuerza de la naturaleza, sino de la magnitud de mis dolencias”.

En este contexto, La fisura, uno de los últimos libros de F. Scott Fitzgerald, es escuela. Comienza con estas palabras: “Toda vida es, desde luego, un proceso de demolición”. Renglones adelante agrega: “La marca de una inteligencia de primer plano es su capacidad para concentrarse en dos ideas contradictorias sin perder la posibilidad de funcionar. Por ejemplo, deberíamos poder comprender que las cosas carecen de esperanza, y no obstante estar resueltos a cambiarlas”. Fitzgerald es maestro y genio de la pluma. Los buenos profesores, además de enseñar, suelen incomodar, preguntar y prolongar la lección tiempo después de cerrar la puerta. Muchos de sus escritos tiene esa propiedad: abrasan la mente del lector y desvelan. Fitzgerald sabía lo que decía: murió víctima del alcoholismo a los 44 años –“toda vida es, desde luego, un proceso de demolición”– y, comprendía también, que, a pesar de la destrucción y el desgaste, “… deberíamos comprender que las cosas carecen de esperanza, y no obstante estar resueltos a cambiarlas”. Esas notas literarias son también notas médicas: exponen las contradicciones propias de la vida, de la salud y de la enfermedad.

Al lado de las reflexiones de quien fuese uno de los mejores conocedores de la “edad del jazz” encontré las palabras de un viejo paciente cuya principal enfermedad eran los procesos irresolubles que conlleva la edad: “La tarea de cualquier viejo enfermo como yo, sea por los estragos del tiempo, por el insomnio, por la marcha torpe, por la soledad o por el temblor constante de mis manos, radica en entender que la curación de un mal puede asociarse a la aparición de una nueva enfermedad, y que las esperanzas que de cuando en cuando traen los días buenos pueden desvanecerse en un santiamén”.

El viejo enfermo tenía razón: en los procesos de curación, esperanza y fracaso son tiempos y vivencias que se suceden una a otra y que se viven al unísono. Lo complejo no radica en entender los vínculos entre esperanza y fracaso, sino más bien en aceptarlos, padecerlos y vivirlos. Asimilar estas lecciones es crucial, pues el enfermo siempre busca que el médico, arropado por su sabiduría y destreza, tenga el poder y la capacidad de curar, fenómeno que, con frecuencia, como es obvio, no es posible alcanzar. Por esa razón los doctores suelen repetir que cuando no es factible curar, la obligación primigenia es acompañar. Así lo explica la etimología: el término francés guérir, “curar”, significa proteger, equipar, defender contra una agresión o sedición.

Proteger y equipar a los pacientes contra las enfermedades no es sinónimo de curación. Equivale, más bien, a cumplir las obligaciones que tienen los médicos de ofrecer a sus enfermos los elementos suficientes, sean médicos, literarios o “cutáneos” –siempre hay que tocar– para comprender el peso de la patología, lo modificable y lo inmodificable. Así lo entiendo y así lo transcribo del expediente de un enfermo que buscó con denuedo su derecho a morir: “En los últimos días considero que he dejado de ser una persona. Soy, más bien, restos humanos. De mi ser quedan sólo algunas sombras. Trato de encontrarlas y de tocarlas cuando presiento que llega la muerte. Les hablo y les grito. Si se mueven, si se desplazan, entiendo que fui yo quien habló. Comprendo que mis sombras significan que sigo vivo”.

Albert Camus y las epidemias

Javier Aranda Luna

La Jornada

18 de marzo 2020

Albert Camus tenía la certeza de que no se piensa más que por imágenes. Para hacer filosofía debían escribirse novelas. No es casual que su narrativa contenga imágenes poderosas: como aquella de El extranjero de una playa de calor sofocante, un sol molesto y un reflejo que deslumbra; o las ratas muertas en La peste que marcan el inicio y el fin de la novela.

Julio Cortázar, traductor y lector atento de sus obras, percibió un rasgo no menos importante en los libros del escritor emblemático de la filosofía del absurdo: creía que ‘‘ya no era posible respetar como se respetó en otros tiempos al escritor que se refugiaba en una libertad mal entendida para dar la espalda a su propio signo humano, a su pobre y maravillosa condición de hombre entre hombres, de privilegiado entre desposeídos y martirizados’’.

Si El extranjero le permitió reflexionar sobre los descolocados por el avance tecnológico, La peste le permitió plantear a través de una narrativa intensa y directa sobre el absurdo cotidiano, sobre la ausencia de leyes históricas o de algún posible orden, como apunta Cortázar en una larga carta a Roberto Fernández Retamar del 10 de mayo de 1967. Un loco podía desatar una guerra de exterminio o una epidemia trastocar la vida de una sociedad.

En La peste invita al lector a pensar en los límites: en el de la vida marcada por un enemigo invisible y el impuesto por un cerco sanitario que aisló a los habitantes de Orán.

La peste es la imagen de lo absurdo, de la muerte, del mal inevitable. Consume a todos, los hace comulgar en la atmósfera del miedo, la resignación y también de la solidaridad sin recompensa. Ateos y creyentes enfrentan al mismo enemigo y su difícil solución; niños y viejos, solitarios y enamorados pierden el sentido del futuro y de su pasado que se va borrando día con día, por un arrollador presente.

En la novela están las miserias y los egoísmos, la avaricia inútil, la prensa sin rigor, la autoridad cuestionada cotidianamente por los hechos. Pero también está el sentido de lo humano, la solidaridad espontánea, la gana de sobrevivir como especie, como pequeño grupo, como un yo colectivo en los mejores casos.

El cronista de la tragedia resume lo dicho en una frase de oro: ‘‘En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio’’.

Más allá de la reflexión filosófica Camus nos da cuenta de las otras expresiones del aislamiento que muchas veces los expertos no consideran en las epidemias: los impactos en la merma en bienes materiales esenciales, en los modos de subsistencia de la gente común, en la precariedad de los sistemas de salud para enfrentar esas contingencias, en la vulnerabilidad siempre de los más pobres y de aquellos que vivían en grupos como religiosos, presos y soldados.

El destino común de la tragedia nos acerca a otros. A los que no vimos durante años y a los que nos habían visto.

Talibanes y mujeres

Afganistán

Estas son las 29 prohibiciones que los talibanes impusieron a las mujeres de Afganistán

La Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA) explicó las principales prohibiciones y castigos para las mujeres, que constituyen violaciones a sus derechos y su integridad.

PROCESO

19 DE AGOSTO 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro). – Después del retorno de los talibanes al poder y pese a que el Emirato Islámico declaró una “amnistía” e invitó a las mujeres a unirse a su gobierno, ya se dieron a conocer 29 restricciones impuestas a millones de mujeres por parte de este grupo ultraconservador.

Se trata de su ley, la “Sharía” un régimen talibán que afecta de manera grave los derechos de las mujeres y las niñas, basada en las creencias de los Pashtunes sobre la vida en ‘purdah’, que es la práctica para ocultar la vida de las mujeres en público, aplicada entre 1996 y 2001 antes de la guerra e intervención de Estados Unidos.

La Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA) explicó las principales prohibiciones y castigos para las mujeres, que constituyen violaciones a sus derechos y su integridad.

1. No pueden trabajar fuera de sus hogares. Solo algunas doctoras y enfermeras pueden laborar en algunos hospitales para atender solo a mujeres y niñas.

2. No pueden salir de sus casas a realizar cualquier actividad cotidiana si no van acompañadas de su “mahram”, padre, hermano o esposo.

3. No pueden cerrar tratos comerciales con hombres.

4. No pueden ser atendidas por médicos hombres y como hay muy pocas mujeres doctoras o enfermeras muchas no tienen la atención médica adecuada.

5. No tienen derecho a la educación ni ir a la escuela, universidades o cualquier otra institución educativa.

6. No deben mostrar ninguna parte de su cuerpo en público, por lo que deben usar el burka cubriéndoles todo el rostro.

7. No pueden usar productos cosméticos. Entre 1996 y 2001 durante el llamado “régimen del terror” se reportaron amputaciones de los dedos de las mujeres con las uñas pintadas.

8. No pueden saludar de mano a otro hombre que no sea su “mahram”.

9. No deben hablar ni reírse en público.

10. No pueden usar zapatos de tacón porque producen sonidos y los hombres no deben escuchar los pasos de las mujeres.

11. No pueden subirse a un taxi sin compañía de su “mahram”.

12. No tienen acceso a la radio, televisión o reuniones públicas.

13. No tienen derecho a practicar deportes.

14. No deben montar bicicletas o motocicletas.

15. No pueden usar colores vistosos porque son “sexualmente atractivos” para los talibanes.

16. No pueden reunirse para un festejo o por motivos recreativos.

17. No deben lavar la ropa en ríos o plazas públicas.

18. El nombre de ninguna calle, plaza o avenida puede llevar la palabra mujer. Durante el régimen talibán de los noventa al “Jardín de las Mujeres” de Kabul le cambiaron el nombre a “Jardín de la Primavera”.

19. No deben ser vistas asomándose en balcones o ventanas de sus casas.

20. Es obligatorio que las ventanas sean opacas para que ningún hombre extraño pueda verlas a través de ellas.

21. Los sastres no pueden tomar medidas a las mujeres ni confeccionar ropa femenina.

22. No pueden usar baños públicos.

23. Deben usar el autobús de uso exclusivo para mujeres.

24. No pueden usar pantalones acampanados ni ocultándolos bajo el burka.

25. Nadie puede fotografiar o filmar a las mujeres.

26. Esta prohibido publicar imágenes de mujeres en revistas o libros o colgarse en plazas o tiendas.

27. Las mujeres que no acaten las reglas de los talibanes serán sometidas a azotes, palizas y abusos verbales.

28. Quienes muestren sus tobillos serán azotadas en público.

29. Las mujeres acusadas de infidelidad serán lapidadas.

Narcotráfico y Redes sociales

NARCOTRÁFICO

El poder de Los Zetas, Cártel de Sinaloa y Los Caballeros Templarios… en Facebook, Twitter y YouTube

El Cártel de Sinaloa tiene casi 90 mil seguidores en Twitter. Los Zetas casi 50 mil cuentas en Facebook, y ha transmitido asesinatos en Youtube.

PROCESO

REDACCIÓN

4 DE AGOSTO 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los Zetas, el Cártel de Sinaloa y Los Caballeros Templarios han usado los vacíos legales de las plataformas digitales y redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube, para exponer su poder, intimidar a sus rivales, reclutar a nuevos miembros o enaltecer sus acciones.

De acuerdo con el informe “El lado oscuro de las redes sociales: el caso de la guerra contra las drogas en México”, elaborado por Nilda M. García y publicado el 11 de abril pasado en la página de la Alianza Contra el Delito en Línea (ACCO, por sus siglas en inglés), estos cárteles construyen “confianza y legitimidad” con otros grupos del crimen organizado y las comunidades en las que operan.

“Su presencia en línea es similar a su presencia física, porque en ambos planos su principal estrategia operativa, bajo la cual llevan sus negocios, es intimidar a sus enemigos e instigar el miedo en la población”, según el reporte.

El Cártel de Sinaloa tiene casi 90 mil seguidores en Twitter. Los Zetas casi 50 mil cuentas en Facebook, y ha transmitido asesinatos en Youtube.

¿Cómo operan?

Mencionar en Twitter a Joaquín “El Chapo” Guzmán, preso en Estados Unidos por narcotráfico y otros delitos, es un ejemplo del complicado entramado de nodos que tiene la red, porque no se limitan al capo del Cártel de Sinaloa, sino a otros personajes de esta organización delictiva, que van desde cartas de líderes hasta ejecuciones.

Nilda M. García clasificó este modelo en 10 secciones: los “narcotuits”, que representan el 25% de las publicaciones e incluyen frases como “misión cumplida”, “siguiendo pedidos” o “se completó”, y adjuntan fotografías o videos donde sostienen armas de grueso calibre.

Señaló que en 2017 algunos de esos videos fueron realizados desde bases de la Fuerza Aérea de México, lo que podría sugerir una estrecha relación con instituciones de seguridad.

Otro tipo de publicaciones se refieren a los lujos obtenidos con el dinero ilícito, que ocupan el 15% del contenido, seguido por mensajes amenazantes, con 11% del total; el 10% es propaganda altruista, como los apoyos a las comunidades; 8% se refiere a cambios dentro del grupo criminal, otro 8% son comunicaciones directas entre los miembros y 6% son cartas de amor, frases filosóficas, de respeto, orgullo y lealtad a su cártel.

En Youtube, 28% son “narconoticias”. En su mayoría son noticieros televisivos nacionales o regionales sacados del “Blog del Narco”; 20% son miembros del cártel dando detalles operativos, y otro 20% se usa para enviar mensajes sobre misiones y operaciones.

El 19% son “narcocorridos”; 11% se enfoca en torturas, asesinatos y ejecuciones para intimidar a sus rivales; 8% son amenazas a otros cárteles; 6% son batallas y tiroteos en vivo, y 4% entrevistas realizadas por el propio cártel.

Los Zetas captaron la atención internacional después de una “guerra cibernética” con la organización de hackers Anonymous y generaron nuevas dinámicas.

Su plataforma preferida es Facebook. En Twitter su contenido es limitado y sistemático, pues las cuentas de los supuestos miembros son efímeras y usadas únicamente para enviar amenazas y luego desparecen.

El 35% del contenido en Facebook son publicaciones de fotografías donde dicen estar listos para completar una misión, de cuerpos masacrados e imágenes explícitas; el 17% son elogios a los líderes y al cártel; 12% imágenes de montones de dinero, y 11% son videos de “narcoraps” o “narcocorridos”.

En Youtube el contenido es de terror. Comparten clips de noticieros sobre la captura o muerte de algún líder superior, de células desmanteladas y notas sobre crímenes, y representan el 23%, mientras que 18% son mensajes amenazantes con videos de rivales capturados y encañonados; 17% de tiroteos y enfrentamientos; 14% “narcoraps”; 11% son comunicados sobre sus planes; 6% documentales en inglés sobre el cártel; 5% son videos sobre las operaciones del cártel; 5% entrevistas aisladas a exmiembros, y 2% llamadas de extorsión, de acuerdo con el texto.

Los Caballeros Templarios también prefieren Facebook y Youtube como estrategia de difusión de sus mensajes.

En la primera red, el 29% son operativos; 23% elogios a la organización; 12% publicaciones sobre la filosofía del cártel; 10% son imágenes de armas, dinero y drogas; 9% amenazas a otros cárteles; 8% temas de religión; 6% post sobre los templarios muertos en enfrentamientos, y 3% mensajes entre ellos.

En Youtube, el 23% son comunicados sobre cambios o asociaciones con políticos, futuras operaciones o videos sobre la guerra contra las drogas en el sexenio de Felipe Calderón, hechos por “Grillonautas” y “El Blog del Narco”. El 13% son “narconoticias” nacionales o internacionales de videos de batallas en vivo, tiroteos o amenazas; 12% son torturas, decapitaciones o ejecuciones, algunos “narcoraps” o “narcocorridos”; 6% sobre operativos y 4% entrevistas.

¿Qué es la Filosofía?

A.- ¿Quién soy? ¿Por qué soy? ¿Qué tengo en común con una rosa, con una mariposa, con mis semejantes? ¿Por qué la vida es así y no de otra manera? ¿Por qué la injusticia? O mejor aún ¿Qué lugar ocupa en esto que se llama vida?

B.- ¿A qué vienen esas preguntas?

A.- ¿Qué a ti nunca te ha sucedió que la vida parece un sueño que todos soñamos?

B.- ¿Un qué?

A.- Un sueño. ¿No es acaso una duda que te mantenga despierto por las noches?

B.- No, La verdad no,  me preocupa tu salud mental, a ver toma asiento, deja veo si no tienes calentura, ¿no quieres un tecito?

A.- ¡No seas payaso!, esto es tan serio como la vida misma.

B.- Ok, al parecer alguien no se tomo sus pastillas mágicas con su desayuno.

A.- Ven, acompáñame, siéntate para explicarte. No muerdo

B.- ¿Seguro? Por qué esas preguntas que formulas dejan entrever algún tipo de desequilibrio, no creo que sea sano acercarse a tu persona.

A.- ¿En verdad nunca te has puesto a reflexionar sobre el sentido de la vida, el bien y el mal, el universo y partes circunvecinas?

B.- Sobre el Bien y el Mal, sobre todo cuando me quedo con el cambio de las tortillas.

A.- ¿O te has preguntado acerca de la existencia de Dios?

B.- Fíjate que sí, cuando la cruda es grande.

A.- ¡No hay nada sagrado para ti! ¡Esto es serio¡

B.- El único culpable eres tú. ¿Qué clase de pregunta pacheca es esa?

A.- Es una pregunta filosófica. Todos en algún momento de la vida, nos hemos llegado a preguntar sobre el sentido de la existencia, sobre nosotros mismos, sobre el lugar que ocupamos en el cosmos, son temas que necesitan responderse, creo yo.

B.- A mi me inquieta que el Chapo se vuelva a fugar.

A.- En el momento en que nos detenemos un instante de nuestro diario trajinar por la vida y nos sentamos a reflexionar sobre nosotros mismos, es en ese momento cuando nos iniciamos en el camino de la Filosofía.

B.- ¿Entonces la Filosofía es el arte de preguntar sobre lo obvio?

A.- ¡Búrlate! es en lo obvio donde existe mayor incertidumbre, pues damos por sentado un orden que no es tal, la Filosofía nos ayuda a conocer el lugar que ocupamos en el mundo, es la conciencia de ser y existir, es saber como otros hombres y mujeres se han hecho las mismas preguntas a lo largo de la Historia y asomarnos a sus respuestas a preguntas como ¿Qué es la naturaleza? ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el alma? El conocer sus  respuestas nos ayuda a nuestras propias interrogantes.

B.- Entonces, según tú, la Filosofía da respuestas a todas mis inquietudes.

A.- No, la Filosofía no da respuestas totales, se dedica más bien a crear preguntas, tal y como lo hizo Sócrates.

B.- ¿Sócrates? ¿Y ese cuate de qué la gira?

A.- Fue el filósofo por excelencia, el modelo a seguir del sabio, continuamente se cuestiona a  sí mismo y a sus semejantes sobre temas como la justicia, el amor, la amistad, el Bien, para conocer quién era el más sabio de los hombres.

B.- Entonces el tal Sócrates era un ignorante.

A.- ¡Era el más ignorante de todos! Pues él sabía que era ignorante, allí radica la grandeza y la belleza de su “docta ignorancia”. “Yo sólo sé que no sé nada”

B.- ¿Te cae? ¿No se tomaba sus pastillas tampoco verdad?

A.- ¡Sócrates era un sabio! Era más lo que desconocía que lo que conocía y por ello buscaba la verdad, era humilde ante el conocimiento. Hoy día nadie reconoce que no sabe, por el contrario creen saberlo todo. A eso se dedican los filósofos, a preguntar, a cuestionar, a indagar sobre la naturaleza de las cosas, sobre el Bien y el Mal, sobre cómo vivir en un mundo tan caótico como el nuestro. Incluyendo en dicha indagación a sí mismos.

B.- Al parecer eso  de la Filosofía no esta tan fumado después de todo.

A.- Y no lo es, ya verás.

¿Cómo sabemos si algo sirve?

Fácil, lo que sirve es lo que nos es útil, práctico, un buen martillo es aquel que cumple con su función para la que fue creada, es decir clavar o sacar clavos, romper paredes o superficies (usarse para golpear al prójimo o a la prójima es un ¿Mal uso del martillo?).

Así que, si nos atenemos a esa definición, la Ética es…¿útil o inútil? Vámonos por partes, dijo el descuartizador.

La Ética, en una definición “práctica”, es la reflexión sobre los actos humanos. Ahora, si la definimos así, surge la pregunta: ¿De qué nos sirve reflexionar sobre lo que hacemos?, primera duda ¿pensamos sobre algo y luego actuamos, o actuamos y luego pensamos sobre lo hecho? ¿Pensamos sobre todo lo que hacemos? La reflexión implica, grosso modo, pensar antes de actuar. ¿pero qué pensamos antes de actuar? Las opciones, las consecuencias, la responsabilidad. En un esquema ideal ( ajeno a lo humano, claro está) así debería de suceder. Pero seamos realistas ( ¿fatalistas?). No pensamos, o peor aún pensamos que todo saldrá según una versión donde le héroes rescata a la doncella ( ¿doncella?) y evade al dragón, sobrevive a las pruebas y alcanza su meta indemne, listo para el hecho (¿o será lecho?) de alcanzar su felicidad, tal y como lo imagino al “reflexionar”, pero sucede que no siempre tomamos en cuenta a la realidad (propia y aún peor a la ajena) para tomar nuestras decisiones.

Entonces, sino reflexionamos sobre lo que hacemos (peor aún sobre lo que no hacemos), ¿por qué lo hacemos? El ser humano es una animal de costumbres ( ¿ o por costumbre actúa como animal, con perdón de los animales?) seamos honestos ( si es que tal cosas existe), lo que hacemos lo hacemos sin pensarlo mucho, y lo que los otros prójimos y prójimas hacen si es analizado por la lupa de la moral, la religión, la ideología, los traumas, la envidia, el despecho y las agruras que nos causa ver, juzgar a los demás. ¿Juzgar es lo mismo que reflexionar? No, uno implica un juicio de valor (bueno o malo, dependiendo el cristal moral con que se mire) y otro es conocer los hechos, razones y circunstancias que nos llevan a actuar (decidir sobre nuestras decisiones, dice mi otro yo, “reflexionar” le corrijo con malicia).

Una vez expuesto el caso ( “El concepto de Ética” me replica mi otro yo,) es momento de tratar de concluir esta digresión o conversación sobre la “utilidad” de la Ética ( si sirve o no). Partamos pues de este primer intento, la ética “sirve” para pensar ( y sentir) sobre lo que hacemos ( y dejamos de hacer), es la reflexión sobre la praxis (práctica cotidiana, la ética en la vida diaria, me susurra mi otro yo). Es la herramienta que nos ayudara a:

  1. Reflexionar sobre nuestras acciones (propias y ajenas)
  2. Pensar antes de actuar
  3. Mejorar nuestra vida cotidiana al aprender a pensar y sentir antes de actuar

Por el momento dejaremos hasta aquí la “reflexión” sobre la ética, seguiremos volviendo a la “definición” ( no definitiva, claro está) del tópico en cuestión. De esto se trata este andar, de cuestionar nuestra realidad, de “Conocerme a mi mismo”, ( lo dijo el oráculo de Delfos, a mí ni me reclamen) para tratar de errar menos y vivir más (demasiado ambicioso, me dice mi otro yo). Pero de alguna forma hay que dar este primer paso, espero su comprensión y su paciencia sobre hacia dónde nos encaminaremos en este camino, hacer Filosofía sin la exquisitez del lenguaje, hacer comprensible y entendible ese saber filosófico envuelto en un lenguaje, (a veces inalcanzable, incomprensible, aburrido y denso, muy denso, me dice mi otro yo) hacerlo terrenal, humano, nuestro.

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